Kirchner dejó sin diócesis castrense a obispo amenazador
Nuevamente como con las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, el Presidente hizo valer su autoridad ante maniobras del nuncio católico en conjunción con el ala derechista del peronismo y los obispos conservadores.
La decisión no le prohíbe a Baseotto expresamente entrar en los cuarteles, pero igualmente queda sin diócesis natural.
El obispo desató una tormenta cuando, en medio de una polémica sobre el aborto, sostuvo que al ministro de Salud, Ginés González García, había que «atarle una piedra al cuello y tirarlo al río», una metáfora que figura en las Escrituras a la que le dio un aire de literalidad.
Se sabe que esa «metáfora» provocó reminiscencias de los vuelos de la muerte, esos que la Armada, y no solamente ella, aplicaba para matar a detenidos políticos-desaparecidos arrojándoles desde los aires al Río de la Plata en los años del terror.
Para darle jerarquía a las decisiones fueron anunciadas en la Casa de Gobierno por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el canciller Rafael Bielsa y el secretario de Culto, Guillermo Olivieri. Como preludio tuvo una reunión cumbre con el presidente Kirchner, para la firma del decreto.
Antes parecía, y eso se reflejó en todos los medios escritos, que el asunto entraba en una vía muerta y negociada. Pero «el acuerdo se cayó», dio por toda explicación el jefe de ministros.
Ahora es lo que deberán buscar el oficialismo y la Iglesia para que haya un nuevo obispo castrense, con la propuesta de la curia de un nuevo nombre. Y lo intentarán en un clima denso.
Según el Concordato de 1957, la designación del cargo del obispo castrense, no los de los capellanes, es facultad de Roma, y tiene atribuciones de subsecretario de Estado. Recibe un sueldo de 5.000 pesos mensuales (unos 1.700 dólares) que paga la Nación.
El lunes, la Santa Sede lo confirmó al frente del obispado y rechazó un pedido de la Cancillería –por precisas instrucciones del Presidente– para que se lo removiera del cargo.
El propio Fernández, al anunciar la decisión de retirar la confianza a Baseotto, dijo que «no significa nada» en la relación con la cúpula eclesiástica. No es del todo una visión optimista, ya que la mayoría de los obispos desean desentenderse de su «hermano en la fe» que además es un conocido antisemita.
Obispo en el aire
Es algo más que «retirarle la confianza». Kirchner derogó su designación, dispuesta por decreto en 2002, firmado por su antecesor Eduardo Duhalde con lo que lo desplaza de su cargo.
Ahora bien: para el Vaticano la Casa Rosada no tiene injerencia para destituir a Baseotto de la vicaría castrense, decisión que le correspondería.
La cosa se puso fea no sólo por las expresiones del obispo de marras sino porque el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, se había reunido el lunes último con el ministro de Defensa, José Pampuro, a quien le comunicó verbalmente el respaldo del Vaticano a Baseotto.
Lo que correspondía es que el enviado del Papa se comunicara con el canciller. El nuncio tiene rango de embajador y fue Bielsa quien le solicitó la remoción del obispo al representante del Vaticano hace 16 días.
«La forma en que se hizo fue imprudente e inconveniente», dijeron fuentes allegadas a Bielsa y al Presidente. Bernardini le había dicho a Pampuro que el Vaticano no encontraba «causales canónicas» para remover a Baseotto. «Pero el gobierno no pidió la remoción por razones canónicas sino por un conflicto político», señalan en el oficialismo.
«La decisión del gobierno es respetar el concordato de 1957. Pero en este caso una de las partes perdió la confianza en el obispo designado y deroga su nombramiento. Y esa situación se mantendría hasta que se nombre un vicario nuevo», aseguró a La Nación un funcionario que interviene en el tema.
«Se deja sin efecto el nombramiento, se le quita el acuerdo presidencial, aunque sigue como obispo sin diócesis», explicó. En el aire, digamos.
Argentina y el Vaticano rompieron relaciones de hecho cuando el nuncio fue expulsado en el siglo XIX por el gobierno liberal de Julio Argentino Roca por injerencia en asuntos domésticos.
No se quiere llegar a tanto, dicen en las cercanías del gobierno. Pero ya se sabe que una palabra lleva a la otra y actualmente domina de hecho en Roma el cardenal Angelo Solano, un durísimo respecto de Kirchner.
El secretario de Estado tiene vínculos aceitados con el menemismo, vía un personaje de las oscuridades, el ex embajador en la Santa Sede, Esteban Caselli, la derecha peronista. Fue quien le consiguió a Carlos Menem audiencias cuasi anuales con Juan Pablo II, vía Sodano, su amigo.
Por eso en el oficialismo se sospecha que la visita del nuncio al ministro de Defensa fue alentada por Caselli, un hombre con llegada al nuncio Bernardini y al secretario de Estado del Vaticano, cuya postura es de respaldo a Baseotto.
La Iglesia local, dominada por los moderados, también tiene un problema que no puede eludir. Hasta ahora sus documentos obviaron el caso del obispo con añoranzas con los años del terror y su furor antisemita.
Con todo, a los obispos no les agradó que la DAIA, entidad política de la comunidad judía, también pidiera sanciones contra Baseotto. Y además, tienen fuertes diferencias con Kirchner en varios asuntos.
Al Vaticano le desagradó que Kirchner modificara en reuniones mundiales la política impuesta por Menem de respaldo al no aborto de los religiosos. A rezar. *
Te recomendamos
¿inocentes?
Argentina: Adorni, Angeletti, Sturzenegger y Espert se acogen al régimen de “inocencia fiscal”
Lejos de dar explicaciones sobre los orígenes opacos de sus dineros, los funcionarios del gobierno de Milei se acogieron a una ley —diseñada y aprobada por el mismo gobierno— para quedar totalmente impunes.
Compartí tu opinión con toda la comunidad