Bolivia: el presidente Mesa condiciona su permanencia a la firma de un pacto nacional
La terminante decisión presidencial fue anunciada por el ministro de la presidencia, José Galindo, pero poco antes de que el congreso iniciara la crucial sesión las partes comenzaron a negociar para evitar la renuncia del presidente.
Galindo señaló que si el Parlamento se limita a rehusarse a aceptar la dimisión sin aceptar las bases para un acuerdo nacional propuestas por el ejecutivo, la renuncia se volverá irrevocable y definitiva.
Esas bases plantean definiciones sobre la nueva ley de hidrocarburos, la elección de prefectos (gobernadores) departamentales (provinciales), un referendo sobre las autonomías regionales y la elección de una asamblea constituyente.
En el primer tema, el gobierno demanda dejar sin efecto cinco puntos de una nueva ley petrolera cuyo debate está por terminar la Cámara de Diputados y que afecta a las transnacionales y es considerada inviable por el ejecutivo.
El presidente exige además la construcción de un escenario de gobernabilidad, con participación de la sociedad civil, los empresarios y otros sectores.
El virtual ultimátum presidencial es analizado por una cita de los presidentes de las cámaras legislativas y los jefes de bancadas políticas.
Previamente, el grupo parlamentario de disidentes de diversos partidos que apoyan al gobierno, afirmaron que está en marcha un complot para sacar a Mesa del gobierno, propiciando su renuncia irrevocable.
El diputado de ese bloque William Cardozo afirmó que los presidentes de las cámaras y jefes de bancadas han acordado rechazar la renuncia del presidente, sin debatirla siquiera, ¿para qué obligar a Mesa a dimitir definitivamente?, se preguntó.
Por su parte, el líder del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, insistió en acusar a Mesa de chantajear al país al pretender mutilar la ley de hidrocarburos en función de los intereses de las transnacionales petroleras.
Según Morales, las exigencias gubernamentales sobre el tema comprueban que este es la clave de la maniobra presidencial y no las protestas sociales que Mesa invocó como factor que le hacen imposible seguir gobernando.
Agregó que el presidente pretende poderes casi monárquicos para gobernar a su antojo, en alianza con la derecha y las transnacionales y busca liquidar al movimiento popular.
El dirigente izquierdista dijo que los conflictos terminarán cuando el congreso termine la aprobación de la nueva ley de hidrocarburos concertada por diversas fuerzas en el Parlamento y que el ejecutivo pretende revertir.
Otro factor de distensión es la convocatoria a la asamblea constituyente, así como la salida de la empresa Aguas del Illimani -operadora del agua potable de la capital-, por el cual el vecino municipio de El Alto está en huelga desde el pasado miércoles.
Necesitamos paz con justicia, para que haya paz social tiene que haber equidad económica y empleo, y para que haya seguridad jurídica tiene que haber seguridad social y respeto a nuestra soberanía sobre los recursos naturales, sentenció.
Morales confirmó que las organizaciones sociales continuarán bloqueando diversas carreteras, mientras el vecindario de El Alto ratificó su huelga.
Entretanto, una misión conciliadora, en busca de un diálogo para un acuerdo nacional, fue emprendida por la Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo y la Asamblea de Derechos Humanos, que entraron en contacto con el gobierno, el parlamento y las organizaciones sociales, con afan de estabilizar la situación. El cocalero Evo Morales, adalid antineoliberal y único indio aymara que ha disputado la presidencia de Bolivia, es la piedra en el zapato del presidente dimitente Carlos Mesa y empecinado defensor de una ley petrolera nacionalista, fermento de la crisis boliviana.
Nacido el 26 de octubre de 1959 en la comarca de Isayavi, en el sureño departamento (provincia) de Oruro, Morales no está dispuesto a permitir la salida de Mesa, a quien apuntaló durante 13 de los 17 meses de gobierno, pero tampoco está de acuerdo con permitir la aprobación de una ley petrolera que a su juicio es privatizadora.
Morales busca que las veinte compañías petroleras que controlan los hidrocarburos bolivianos compartan sus ganancias con Bolivia «miti a miti», o sea, que se eleve el pago a 50% de las regalías, en lugar de 18%, como propone el gobierno.
Hijo de padres aymaras y quechuas, las dos etnias predominantes en Bolivia, Morales saltó a la fama en octubre de 2003, cuando promovió la caída del empresario liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, quien lo derrotó en una vuelta congresal tras las elecciones presidenciales de junio de 2002.
Líder del Movimiento al Socialismo, la principal fuerza política boliviana, Morales condiciona su apoyo no sólo a la aprobación de una ley petrolera «por y para el pueblo boliviano, para los indígenas y originarios», sino también a que el Congreso rechace otorgar «inmunidad» a soldados estadounidenses y a la instalación de una Asamblea Constituyente.
Fogoso defensor del cultivo libre de coca y también opositor a las políticas «imperialistas» de Estados Unidos, ha consolidado su base política en el Chapare, una vasta extensión en el centro subandino del país atravesada por la principal carretera del país, a merced de sus huestes, unas 30.000 familias de cultivadores indígenas, desde 1997.
Morales, tenaz opositor de las políticas económicas de corte neoliberal, también se convirtió en el principal opositor de los presidentes conservadores Hugo Banzer y Jorge Quiroga.
Morales -que se mofa de sí mismo al calificarse de indio, «feo y loro»- emigró apenas adolescente, como lo hacen siete de cada 10 campesinos en este país, el más pobre de Sudamérica, debido a una feroz sequía a principios de los ’80 que asoló el agrícola altiplano boliviano, «para buscar el pan», según afirma.
Luego de desempeñar los más diversos oficios, entre ellos el de músico de una orquesta y futbolista, Morales recaló como secretario de deportes de una agremiación de productores de coca, desde donde apuntaló una incansable lucha sindical.
Convertido en líder de 30.000 familias pobres vinculadas a la producción de coca del Chapare, antiguo centro productor de coca, este implacable defensor de los derechos indígenas fundó el Consejo Andino de Productores de Coca, que nuclea a organizaciones de Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia, antes de recibir el Premio Gadhafi a los Derechos Humanos en el año 2000 y ser postulado al premio Nobel de la Paz en 1995.
Este boliviano que aún no peina canas, jamás viste traje y corbata y que por lo general calza zapatillas deportivas, ha cosechado en su meteórica carrera política las amistades del presidente venezolano Hugo Chávez, del mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y del líder cubano, Fidel Castro.
Al mismo tiempo, se ha ganado las críticas de Estados Unidos, que lo calificaron de «narcotraficante». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad