Los radicales sueñan con una resurrección

Baja concurrencia en las elecciones de Catamarca

«El Frente Cívico y el Partido Justicialista hicieron una elección desastrosa. Para el oficialismo fue la peor performance desde 1991. Con respecto a 2001, perdió cerca de 19.000 votos. El justicialismo, alrededor de 21.000″, informa ese diario, el más popular de esa provincia norteña donde hace una década fue sacudida por grandes conmociones por el crimen de María Soledad Morales, una estudiante asesinada por los llamados «hijos del Poder».

Una semana atrás, el FCS, pero de Santiago del Estero, le infringió una dura derrota al Partido Justicialista que en esa ocasión contaba con la bendición de Néstor Kirchner con lo cual, electoralmente, el Presidente entonces tuvo un revés. Ganó allí el radial Gerardo Zamora, que es intendente de Santiago del Estero, pero apoyado por otras fuerzas mixturadas y el respaldo del hombre de mayor poder económico en esa provincia y que sostenía al corrupto sistema del peronista Carlos Juárez.

Casos parecidos el catamarqueño y el santiagueño. En los dos, provocaron la caída de los viejos clanes las movilizaciones populares por crímenes semejantes: jóvenes usadas como carne sexual por los poderosos. En Santiago cayó al menos lo emergente del clan del ex caudillo peronista Carlos Juárez y ante la falta de una alternativa viable, el triunfo el santiagueño de calle se los dio al radicalismo disfrazado de frentista.

En Catamarca el oficialismo consiguió 11 bancas de diputados, el peronismo orgánico 8 y el saadismo, del ex clan de la familia Saadi, sólo retendrá 2 de las 6 que puso en juego. Ojo: el oficialismo que desembarcó a los Saadi, son la familia Castillo que con padre, hijo o un vicario, mantiene los mismos vicios.

Aníbal Ibarra no consigue firmas

Para peor el peronismo orgánico está respaldado por el dirigente gastronómico, Luis Barrionuevo, que no es una alhaja, precisamente.

Esta vez Kirchner apoyo al FCS, colocando algunos de sus leales en esa provincia en las listas de legisladores y para la Convención Constituyente. Pero la ausencia de votantes, en la más baja concurrencia en tiempos imposibles de medir, debe hacer reflexionar a todos los sectores. Es probable que la canícula influyó tanto como la seguridad que ganaba el oficialismo. Pero da para pensar.

Pensar debe también Aníbal Ibarra que avanza poco en su proyecto de recolectar mas de medio millón de firmas del electorado porteño para poner en consideración si se debe quedar o irse, a raíz de las responsabilidades que le podrían caber por la tragedia del boliche Cromagnon con 193 muertes.

Al ritmo actual, es dudoso que pueda concretarse el referéndum vinculante a fines de mayo o junio. Más tarde, se pegaría con las importantes legislativas nacionales y locales de octubre y nadie quiere ese escenario.

Fuente confiables señalan que Ibarra se conformaría con reunir 300 mil firmas que aunque no le permiten realizar la consulta, podría, cree, darle un respaldo fáctico para impedir desestabilizaciones de sus opositores sobre todo en la Legislatura porteña donde la cantidad de legisladores que lo respaldan en pequeña.

Por distintos motivos en los tres ejemplos contados, las cosas no salen como se piensa en los oficialismos. Atención con esto de la no participación masiva de ciudadanos. Algo quiere decir.

Se lo crean o no, los radicales han leído las dos victorias como otro paso en su tarea de volver a ser una alternativa de poder. No parece que puedan hacer buenos comicios en octubre en los distritos claves.

Pero institucionalmente con media docena de provincias y primera minoría en las dos cámaras legislativas nacionales, lo mantienen como un poder. Menguado, pero poder al fin. *

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