El gobierno libanés pro-sirio dimitió
Después de dos semanas de crisis originada por el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri, el presidente libanés Emile Lahud aceptó la renuncia del gabinete.
Una fuente gubernamental siria, que pidió el anonimato, declaró a la AFP que se trata de un «asunto interno del pueblo libanés» y alberga la esperanza de que «surja un nuevo gobierno y sea capaz de hacer avanzar el país en el interés del Líbano y de la región en estas circunstancias extremadamente delicadas».
Karamé anunció su decisión ante el Parlamento, reunido en la mañana de ayer a petición de la oposición que había previsto dejar en minoría al Gobierno, al que culpa del asesinato de Hariri en un atentado perpetrado el 14 de febrero.
«Anuncio la dimisión del Gobierno que tuve el honor de presidir para que no constituya un obstáculo» a la investigación sobre la muerte del ex primer ministro, declaró Karamé, visiblemente emocionado.
Los disputados acogieron con una fuerte ovación el anuncio y decenas de miles de manifestantes congregados desde el domingo por la noche en la céntrica Plaza de los Mártires de Beirut, a unos cientos de metros del Parlamento, expresaron su regocijo y entonaron el himno nacional.
«Llegará tu hora Lahud, también la tuya Bachar», gritaban en alusión a los presidentes libanés y sirio, Bachar al Asad, en medio de una multitud de banderas multicolores.
Karamé insistió en que presentaba la dimisión pese a contar con una mayoría de votos para ganar la moción de confianza.
En su primera reacción, el diputado y jefe druso opositor Walid Jumblatt tuvo palabras de agradecimiento para «la oposición y el pueblo que permitieron esta victoria» pero pidió que prevalezca la razón y se eviten las «consignas chovinistas contra Siria, con la que están decididos a sanear las relaciones».
Pero no todo era alegría. La renuncia de Karamé también provocó manifestaciones de descontento entre sus partidarios en su feudo de Trípoli (norte).
El lunes, la oposición movilizó a más de 60.000 manifestantes en la Plaza de los Mártires, ignorando la decisión del ministro del Interior, Soleimán Frangie, de prohibir toda clase de manifestación, cuando en el Parlamento comenzaba el debate.
Los retenes militares dejaban pasar a los manifestantes. En la entrada norte de la plaza, el ejército instaló alambradas para filtrar a la multitud que fueron rápidamente destruidas.
Muchos manifestantes confraternizaban con los soldados. Un fotógrafo de la AFP vio cómo algunos de ellos regalaban flores a los militares mientras otros les lanzaban pétalos.
Beirut estaba casi paralizada por una huelga general.
Todos los comercios de los barrios cristianos del norte estaban cerrados mientras la huelga se seguía moderadamente en el suburbio sur chiíta.
Miles de personas llevaban 13 días congregándose cada noche en la plaza para exigir la verdad sobre el asesinato de Hariri y la retirada de alrededor de 14.000 soldados que Siria mantiene en el Líbano.
Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, consideró que la dimisión de Karamé representa «una ocasión para los libaneses de dotarse de un nuevo gobierno que represente la diversidad del país y organice elecciones libres y justas».
Y urgió de nuevo a Siria a retirar sus tropas del Líbano. *
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