Crece la tensión en Argentina por el affaire de la cocaína
«Hemos hecho la mejor negociación de la historia del mundo para una deuda que es la más grande del mundo», apreció.
Pero, siempre hay peros, el onomástico está acompañado por momentos de déficit político en torno al affaire del envío ilegal de cocaína a España donde están en el ojo del huracán la Fuerza Aérea, la compañía aérea SW (Southern Winds), la Aduana, los servicios secretos, la Policía Federal, y hasta el embajador en España o altos integrantes de la actual administración.
Atención: no hay acusaciones sobre narcotráfico, pero numerosos agujeros informativos, o de evaluación sobre la importancia de este caso, que ocurrió en setiembre del 2004 y estalló aquí al nacer febrero, casi empujado por el diario La Nación.
Por lo pronto los legisladores radicales han radicado una denuncia penal contra el secretario de Transporte, Ricardo Jaime por su amparo a la SW. El lío obligo al Ejecutivo a terminar la relación entre la estatal Lafsa (más que nada una oficina con control sobre rutas locales y externas, ya que carece de flota aérea) y la SW.
También Kirchner como comandante en jefe de las FFAA ordenó el arresto del brigadier Alberto Beltrame que fue el jefe del aeropuerto de Ezeiza y cuyo hijo está arrestado por este escándalo, pero ya andaba eludiendo su detención hace meses y con el amparo de su padre.
Un país complicado
Kirchner lanzó todas sus iras, hace dos días, sobre el ex titular de la Fuerza Aérea, brigadier general Carlos Rodhe, acusándolo de haberle ocultado información y derramar, luego, lágrimas de cocodrilo. Con Rodhe se fueron a su casa 12 brigadieres, y los analistas creen que varios de ellos nada han tenido que ver con los cargos contra el ex titular, que simplemente el presidente buscó a un alto oficial amigo y de allí la designación del brigadier Eduardo Schiaffino como cabeza actual de la aviación.
Ya masticó broncas contra el nuevo, porque en su discurso de asunción elogió a su antecesor.
Al secretario Jaime, que ayer rechazó la idea de su dimisión, no se le imputa (por ahora, al menos) cargos por delitos federales como sería el tráfico de droga sino relaciones privilegiadas y no del todo legales con SW, pero si bien en el gobierno no lo tirarán a los lobos, hay cierto distanciamiento.
Ahora entra un poco en la volteada el ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien reconoció que por vía policial supo del hecho en octubre. Lo que la oposición y un sector de la prensa preguntan es porqué tampoco informó del caso al presidente y si fue así, porqué no corrió la misma suerte que el jefe de la Fuerza Aérea. Hay un poco de malicia en la comparación ya que en el caso del aviador, controlaba la Policía Militar de Ezeiza y por allí pueden encontrarse responsabilidades. Ese cuerpo ha sido reestructurado en un nuevo organismo de seguridad que quedó en manos de Marcelo Sain, considerado una garantía por sus antecedentes de lucha contra el delito, desde posiciones progresistas.
Pues bien, Kirchner está en Río Gallegos brindando con los suyos. Su esposa, la senadora Cristina Fernández, cumplió 53 pirulos el sábado y un hijo tendrá su alegría el lunes.
Fiestas una tras otra, y en política, el fin del canje con cifras estimadas de aceptación entre un 75% y 80%. Basta sólo recordar que cuando se lanzó el canje, la hipótesis (pública) de trabajo, era superar algo el 50%. No es el final de penurias económicas, es, para las autoridades, el inicio de un proceso de recomposición de la confianza internacional, después del default declarado por Adolfo Rodríguez Saá en el final del 2001.
Curiosidades de la vida que Kirchner resaltó días atrás: la alianza del puntano con Carlos Menem que es el hacedor de la deuda externa moderna. La Argentina, señores, no es fácil. *
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