Bush y Putin: diálogo de sordos

La «cooperación estratégica» entre Estados Unidos y Rusia iniciada hace cuatro años se asemeja cada vez más a una retórica que recuerda la guerra fría: diálogo de sordos sobre la democracia, e inquietudes occidentales sobre la venta de armas o tecnología rusa a países como Siria o Irán.

Ayer viernes el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, se manifestó muy «satisfecho» de la cumbre del jueves en Bratislava entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo norteamericano, George W. Bush.

Sin embargo, buena parte de la conferencia de prensa conjunta se dedicó a un intercambio educado pero obtuso, sobre el estado de la democracia en Rusia. Un resultado que contrasta enormemente con la ambición fijada en 2001 por Putin, de lanzar su país a una cooperación inédita con Estados Unidos.

Según Andrei Piontkovski, del Centro de Investigaciones Estratégicas de Moscú, Estados Unidos «comprendió que era ilusorio hablar de democracia con Vladimir Putin: lo que le preocupa, es saber si puede haber intereses comunes en el dominio de la seguridad con estas diferentes visiones».

«Bush, a diferencia de algunos senadores, cree que hay que mantener un diálogo o al menos la aparencia de un diálogo con Putin, para que su política exterior no se tuerza», añade el analista.

«Perseguir un diálogo de fachada, las demostraciones de amistad y los desayunos amistosos son una de las últimas palancas de influencia sobre el presidente ruso, que regresa cada vez más a la retórica de la guerra fría», observó el diario ruso en lína Gazeta.ru, de oposición.

Durante la cumbre se firmaron dos declaraciones conjuntas, destinadas a calmar las inquietudes norteamericanas sobre los riesgos inducidos por Rusia.

Uno de los textos firmados el jueves prevé el intercambio de información sobre la venta de misiles portátiles tierra-aire, muy peligrosos para los aviones cuando caen en manos de terroristas, y la otra establece el refuerzo del control de las centrales nucleares, para evitar ataques terroristas y prevenir que el material fisible llegue a las organizaciones terroristas.

Para Víctor Kremeniouk, del instituto EEUU-Canadá de Moscú, en definitiva a Estados Unidos «le es indiferente la democracia rusa, la única cosa que le preocupa realmente es la seguridad».

«Según las apariencias, la política de la administración norteamericana, como la de los líderes europeos hacia la administración de Putin, puede ser definida en adelante como una doctrina de ‘contención'» en lugar de cooperación, añade Gazeta.ru. *

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