Kirchner nombra a un "indomable" al frente de la seguridad de aeropuertos
La medida más drástica que adoptó tras el descabezamiento de la cúpula de la Fuerza Aérea, nada menos que 12 brigadieres, es ahora dar luz por medio de un decreto de necesidad y urgencia de una nueva estructura en la seguridad de los aeropuertos y puso a su cabeza con todos los poderes a Marcelo Saín, un experto en lavado de dinero y narcotráfico, dos especialidades que le vendrán más que bien en Ezeiza, el gran agujero que quedó al desnudo porque por allí salió la blanca y pone en el ojo de la tormenta todo el sistema, desde a quien domina la concesión hasta todo el sistema de seguridad.
Conviene detenerse en este funcionario, un «indomable», que ya recibe las iras de la prensa de derecha, por caso, la hoja Ambito Financiero. Es quien se atrevió a decir con voz fuerte cuando estaba como subsecretario de seguridad en la provincia de Buenos Aires que era imposible abordarla sino se acababa con los punteros del Gran Buenos Aires que conseguían dinero en un ejercicio de recaudación ilegal combinado con integrantes de la Bonaerense.
Eduardo Duhalde se molestó mucho con esta persona a quien, haciéndose el confundido, llamaba «Caín» y claro, el gobernador Felipe Solá lo defenestró.
Kirchner encomendó a Saín el control de todas las funciones de seguridad de los aeropuertos y le dijo que no se fijara límites para plantear un diseño nuevo.
Un aparato sinuoso
Menuda faena. Saín se topará con miembros de la ya ex Policía Aeronáutica Nacional, que en rigor revistaban solo en la categoría Personal Civil de Inteligencia, con empresas de seguridad privada como TAS que vienen del tronco de los negocios de Alfredo Yabrán quien fuera el zar del correo privado y controlaba una estructura que se suponía era para la droga. Y con las tareas delegadas por Eduardo Eurnekian, propietario de AA-2000, en el ex secretario de Seguridad y ex jefe de la Policía Federal de Carlos Menem, Adrián Pelacchi. Desarmar este complejo (¿delictivo?) no será sencillo.
Saín debe llevar a la práctica la desmilitarización de la seguridad en los aeropuertos creando una fuerza de seguridad nueva e instalar por primera vez un control verdadero en los aeropuertos de todo el país.
Comentando las novedades, Página/12, escribe que «el Estado argentino un aparato maniatado y sin prestigio no suele prever el futuro. Ese es un dato de la realidad. Actúa ante incendios de cuatro maneras. En general, son funcionarios del propio Estado los que provocan el incendio junto con delincuentes que vienen de la actividad privada. Otras veces el Estado mira el incendio como si fuera ajeno. A veces apaga el incendio. Muy raramente apaga el fuego, se pregunta por qué empezó y se crea una estructura para prevenirlo».
«Es imposible eliminar el narcotráfico mientras siga siendo la principal multinacional del planeta y existan los gigantescos mercados de consumo de los Estados Unidos y Europa. En cambio es posible reforzar los controles para que ninguna instancia del aparato estatal participe del delito más complejo y organizado. Habrá narcos, pero su capacidad de destruir el tejido social será mucho menor. Eso es apagar el incendio y actuar para que no haya otro por responsabilidad de quien debe prevenirlo», subraya.
¿Desinformación premeditada?
En este contexto asumió el nuevo jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Eduardo Schiaffino, con palabras de elogio desmedido a su antecesor, el desplazado brigadier Carlos Rohde, a quien Kirchner envió a su casa tras el escándalo. Nadie lo acusó de complicidad con el narcotráfico, sino haber ocultado información al Presidente. «No me di cuenta que era tan grave lo ocurrido», dijo ayer y dejó a todos pasmados.
Kirchner no reclamó del Parlamento apoyo para los cambios porque por ahora quiere evitar que haya un debate. Se supone que desea exhibir trofeos antes de enviar a varios ministros a los que varios bloques de la oposición quieren oír como responden a sus inquietudes.
Está en la mira, sobre todo, el secretario de Transportes, Ricardo Jaime, quien alentó, es un decir, las actividades comerciales de la Southern Winds (SW). La fiscal Gabriela Ruiz Morales declaró: «Tenemos probado el embarque de droga. Ahora queremos saber si SW se creó o se sostuvo para transportar este tipo de carga». De ser cierta la hipótesis, la cadena de responsables sería larga.
Y además, es confusa la propiedad real de SW e incluso porque semanalmente había un vuelo entre Tacna (Perú) y Córdoba (Argentina), y se sospecha que desde la primera se embarcaba la droga.
El brigadier Rohde no fue el único que no avisó qué pasaba. Tampoco le dijeron nada al Presidente desde sus servicios secretos, la Policía Federal o el Ministerio del Interior, de la que depende, conociéndose que Interpol había alertado sobre el caso hace meses, cuando entre a tallar en secreto el juez en lo penal económico (pese a que lo de la droga es un delito federal), sin que el Ministerio de Justicia supiera algo.
Razonablemente, ayer el comentarista Joaquín Morales Solá escribió en La Nación que «el Presidente dejó trascender muchas veces sus molestias con ministros como José Pampuro, Rafael Bielsa o Roberto Lavagna. Jamás se ha filtrado nada sobre (Julio) De Vido y su polémico ministerio (de Planificación Federal que abarca la secretaría de Transportes). Pero esta vez las disidencias no refieren a las políticas ni a la gestión.
Kirchner no debería manchar su fama de indoblegable justiciero dejando caer el sable del verdugo sólo hacia un lado». Veremos. *
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