La reunión entre los mandatarios de EEUU y Alemania estuvo marcada por la tensión

Bush y Schroeder: aliados aunque no forzosamente amigos

El apretón de manos «cordial» en el aeropuerto de Francfort recordó de entrada que quizá Bush y Schroeder son aliados, aunque no forzosamente amigos, puesto que el canciller no duda en señalar su proximidad con gestos efusivos de alegría y abrazos, como con sus homólogos francés y ruso, Jacques Chirac y Vladimir Putin.

En el viento, la nieve y el frío, los dos hombres, corbata roja el norteamericano, negra y blanca a rayas el alemán, parecían rígidos uno junto al otro sobre la alfombra roja, esperando que los honores militares finalizaran.

Las cámaras tomaron las caras paralizadas de los dos hombres justo antes de su entrevista de una hora y media. En la rueda de prensa posterior a su encuentro, sus caras no habían ganado en alegría, a pesar del «gracias por…» y de las alabanzas hacia el «aliado», el «amigo» y el «asociado».

George W. Bush llamó al canciller por su nombre.

Una broma distendió la atmósfera cuando Schroeder, conocido por su manera franca de hablar, lanzó: «nos hemos puesto de acuerdo para no subrayar constantemente los temas en los que no estamos de acuerdo». Y su huésped rompió a reír.

Sin embargo, el terreno había sido allanado antes de su encuentro. A través de entrevistas, Berlín y Washington intercambiaron cumplidos estas últimas semanas.

«El presidente es alquien con quien yo puedo comunicarme muy bien, y con quien me gusta conversar», afirmó el dirigente socialdemócrata alemán.

El programa de la jornada pretendía a salir un poco de la rigidez ordinaria: encuentro con soldados norteamericanos y alemanes destinados en Afganistán, comida de especialidades regionales, mesa redonda con jóvenes, visita al Museo Gutenberg, que celebra al inventor de la imprenta en el siglo XV.

Pero los momentos más cálidos no hicieron olvidar la ausencia total de contacto entre el presidente y la población, que dejó desierta la ciudad a causa de medidas de seguridad draconianas.

Un perímetro de seguridad de 5 km

Lejos de la zona de seguridad, unas 10.000 personas manifestaron contra el presidente norteamericano y su política exterior y climática.

El paralelo con la llegada en 1989 en esta misma ciudad medieval de Bush padre, presidente de 1989 a 1993, es inevitable.

Había tranquilamente dado un paseo en barco sobre el Rhin con el canciller conservador de entonces, Helmut Kohl, y había dicho a la población que el Muro de Berlín debía derribarse. *

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