La DEA podría utilizar el caso como una herramienta de presión contra Argentina
Ahora se conoce que la Policía Federal estaba informada desde octubre por Interpol Madrid, sobre el tráfico de la blanca (el embarque fatal fue el 16 de setiembre). No importa que la Federal diga que en rigor sabía del caso desde finales de noviembre: el gobierno conoció hace escasas semanas lo que ocurrió y así un caso policial deriva en un hecho político de fuste.
Fuentes seguras dijeron a este corresponsal que dentro de la secretaría de Inteligencia del Estado hay personal que conocía ad ovo del escándalo por vía de la norteamericana DEA, pero ni ésta ni los funcionarios intermedios de la SIDE tampoco lo hicieron saber al gobierno, no importa si al ministro de Defensa José Pampuro, al de Interior, Aníbal Fernández o al canciller Rafael Bielsa, otros convidados de piedra en la ocasión.
¿Más aún? Sí, más: la embajada argentina en Madrid no tuvo noticias de lo que pasaba hasta que se publicó aquí.
La Aeronáutica también conocía detalles, pero lo mantuvo en reserva, que es el cargo mayor que les hizo Néstor Kirchner para enviar a su cúpula al estado jubilatorio.
¿Desidia, complicidad, suma de hechos (fortuitos o no) o desconocimiento de la autoridad política? Habrá que hurgar.
Nadie discute que hay fallas del Estado en materia de controles.
Se sabe antes de esto de la blanca, que dicen hace feliz por un rato, como en la tragedia del boliche bailable de la Capital Federal, con 192 muertos, con un trauma imposible de superar por generaciones, que los controles exhibieron agujeros muy grandes.
Pero nada es más grave de advertir que se ha desconocido la autoridad del gobierno, la del presidente incluido. Algo más que obliga a Kirchner a ir a fondo, porque conoce que Washington tenía colocado sus prismáticos en este hecho, por entender que la droga entraba dentro de la ruta colombiana.
Viejas demandas norteamericanas
Ezeiza es hace rato objeto de mirada fuerte por parte de los norteamericanos, por la droga, por posible tránsito de terroristas o como quiera definírselos y el caso es que lo ocurrido les viene de perillas. ¿Maniobraron para hacerlo estallar en un momento oportuno?
Una pregunta imposible de responder por sí o por no, e incluso probar: ¿dejó la DEA avanzar el caso, para hacerlo explotar como herramienta de presión sobre la Argentina?
El 7 de marzo estará aquí Donald Rumsfeld, el halcón jefe del Pentágono que viene con varias demandas, entre ellas, insistir que se adquiera en EE.UU. un sistema sofisticado de radarización. Aquí se avanza con tecnología vernácula, vía la estatal IVAP que tiene en sus manos asuntos sensibles en materia nuclear, además.
LA REPUBLICA le preguntó a un ex ministro de Defensa, familiarizado en esto de tratar con los norteamericanos en asuntos sensibles, si pensaba que Rumsfeld buscará sacar compromisos para la política de Washington en Irak, y dijo que no ve plafond. Quien esto escribe estima lo contrario, y se verá. Analistas competentes suponen que Bolivia está en la agenda que el capo del Pentágono tratará con su par Pampuro, ya que en Washington quieren que Argentina siga atentamente el desarrollo del conflicto interno en el país. Y se sabe que con Cuba y Venezuela, los dos gobiernos no piensan lo mismo.
Sospechoso esto que de repente oficinas sensibles (SIDE, Policía Federal, Fuerza Aérea), como si hubieran coaligado antes en el silencio, sólo comenzaron a hablar cuando el asunto estalló.
Lo que se sabe es por vía del juez Carlos Liporace, que tiene en sus manos el expediente y que fue fulminado el domingo por el afamado columnista Horacio Verbitsky, por haber servido al menemismo en casos de corrupción. Es vox populi que Liporace mantiene con la Drug Enforcement Agency, una relación muy fluida, e idem con la embajada norteamericana.
Hay razones para pensar que el embajador Lino Gutiérrez tenía información sensible sobre el tema, antes que Kirchner o Bielsa.
¡Desconfiados de todo el mundo, uníos! *
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