Análisis internacional

Las elecciones iraquíes

EL PRESIDENTE BUSH leyó su pequeño discurso prefabricado en la tarde del domingo 30 asegurando, como era previsible, que las elecciones iraquíes habían constituido «un gran éxito». La novel secretaria de Estado, Condoleezza Rice, debutó en su nueva función asegurando que «es muy pronto para poner fecha a la retirada de las tropas estadounidenses». Esto último es un verdad absoluta: después de las elecciones se mantendrá la ocupación militar. En cuanto a la afirmación del mandatario estadounidense, cabe relativizarla a poco que se examinen los hechos.

 

Sunnitas y kurdos, al margen

En primer lugar, en cuanto al porcentaje de votación. En la tarde, mientras se estaba votando, autoridades electorales iraquíes anticiparon una cifra de setenta y dos por ciento. Más tarde rebajaron la puesta al 60%. Pero esto tampoco se condice con la realidad. Los votantes según declaraciones oficiales no alcanzaron 8 millones de un total de 14,5 millones de inscriptos en una población que excede los 21 millones de habitantes. O sea que en el mejor de los casos la votación orilló el 55% de los inscriptos.

En segundo lugar, la votación se concentró en el electorado sunnita, sistemáticamente relegado en todos los regímenes anteriores, incluido el de Saddam Hussein, a pesar de ser el mayoritario en el país. Previamente a las elecciones dijimos (véase nuestra nota del sábado 29 de enero, «Irak: elecciones bajo ocupación militar») que en el trasfondo había un acuerdo entre los mandos de las fuerzas de ocupación y los altos dignatarios del clero chiíta, como el ayatolá Alí al-Sistani. Esto es exactamente lo que aconteció. Así como la televisión exhibía largas colas de votantes en las regiones chiítas, sobre todo en el sur, mostraba el vacío que le hizo la población en las regiones de predominancia sunnita, al extremo de que allí muchos centros de votación ni siquiera abrieron sus puertas. Esto se registró en particular en el denominado «triángulo de la muerte», en los alrededores de Bagdad, donde ese día se multiplicaron los atentados de la resistencia, como en todos los días anteriores, incluso en torno a la «zona verde» que es una plaza fuerte militar intensamente custodiada.

En tercer lugar, la alta votación en la norteña zona kurda tuvo un significado completamente diferente al de las demás regiones. Recuérdese que el objetivo de la jornada era elegir a los 275 miembros de la Asamblea Nacional (que debe elaborar una Constitución que será sometida a ulterior plebiscito), los miembros de los Consejos provinciales y del Consejo de Bagdad y, en el caso particular de los kurdos, elegir a los 111 miembros de su Asamblea Regional. Con ese fin votaron los kurdos del norte: por su autonomía. No por un gobierno central iraquí.

 

¿Para cuándo el retiro de las tropas?

De esto no puede caber la mínima duda. Un cable muy explícito recoge estas declaraciones formuladas en medio de la votación por el dirigente del Partido Democrático del Kurdistán, Masud Barzani: «Un Estado independiente kurdo será fundado». Y agrega: «Kirkuk es una ciudad iraquí, pero es una ciudad kurda, con una identidad kurda.

Ni Turquía ni ningún otro país tiene derecho a decir nada sobre Kirkuk y otras ciudades de nuestra región». En esa zona los kurdos, impedidos históricamente de tener su propio país y oprimidos durante décadas por Saddam (y por los turcos) votaron masivamente, mientras la mayoría de los árabes de la región se abstuvo.

Será muy difícil concretar en la nueva Constitución fórmulas de consenso entre chiítas, sunnitas y kurdos.

Ahora, después de esta fase electoral, que aún los enviados especiales más optimistas consideran apenas un primer paso en un largo camino erizado de dificultades y contradicciones, el problema principal sigue siendo el retiro de las tropas extranjeras. Citamos ya los resultados de una encuesta entre los bagdadíes, reveladora que el sentimiento mayoritario de la población se vuelca hacia el retiro de las tropas extranjeras como condición para la constitución de un gobierno soberano de los iraquíes, que pueda abocarse a la solución de los tremendos problemas que la ocupación militar, las masacres y las torturas agravaron hasta lo indecible, como la desnutrición y elevada mortalidad infantil, las ciudades arrasadas, los apagones de más de 20 horas diarias. Sin duda mucha gente votó por Iyad Allawi en el entendido que era, de alguna manera, una expresión de un gobierno propio.

 

En el extranjero

Se le hizo una amplia propaganda televisiva a los votos de los iraquíes en el extranjero, pero fueron unas decenas de miles comparados con la elevada cantidad de los exiliados. Los que votaban en varias ciudades de Estados Unidos concurrían a las urnas portando la bandera de las barras y las estrellas. *

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