Sin democracia no hay progreso

Según el escritor sueco Johan Norberg, Suecia era en 1870, más pobre de lo que es el Congo hoy y la gente vivía veinte años menos de lo que se vive en la actualidad en los países en vías de desarrollo. De acuerdo a Freedom House, en 1900 dominaban las monarquías y los imperios, «había 25 países con prácticas democráticas restringidas» y no había ningún estado al que se le pudiese considerar como una democracia electoral moderna. (En Gran Bretaña, al igual que pasaba en Estados Unidos con los ciudadanos negros, se rechazaba el derecho al voto de la mujer.) Para esta misma fecha, había únicamente 55 estados soberanos. El resultado era, que sólo el 12,4% de la población mundial vivía en esas condiciones.

En este mismo año,1900, en España, las mujeres seguían careciendo de derechos legales. El 66% eran analfabetas frente al 47,5% de los hombres. En New York, en 1908, 130 mujeres murieron quemadas por un incendio provocado, después de tratar de reivindicar mejores condiciones de trabajo. En 1912, mujeres chinas invadieron el Parlamento para reclamar el derecho al sufragio. Y no fue sino hasta 1929 que lo consiguieron en Inglaterra.

Después de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del totalitarismo nazi se produjo un aumento de los estados democráticos.

En 1948 ocurre algo insólito: Costa Rica, un pequeño país de Centroamérica, decreta la abolición de su ejército. Se empieza a romper un paradigma hasta ese momento vigente en los estados soberanos y del ser humano. Por primera vez se contemplaba la posibilidad de vivir en democracia sin contar con las armas.

En ese mismo año, el 10 de diciembre, una de las fechas más importantes de la historia humana, se aprueba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde se reconocen por primera vez los derechos de cada persona sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento, al tiempo que reconoce el derecho a la intimidad, a la educación, al bienestar y al disfrute del tiempo libre…

Hacia mediados del siglo XX había 22 democracias que representaban ya el 31% de la población mundial y se sumaban 21 estados con prácticas democráticas restringidas o democracias emergentes, representando el 11,9% de la población del globo. En total, para 1950, había 80 estados soberanos.

No hace ni 50 años desde que la estadounidense negra Rosa Parks se negó a ceder su asiento a un blanco en un autobús de Alabama y se desencadenó todo un movimiento en pro de los derechos civiles en los Estados Unidos. El sufragio universal llegó a Nueva Zelanda en 1893, Australia en 1901, Finlandia en 1906, Estados Unidos en 1920, España en 1931, Francia en 1945 y en Suiza no llegó hasta 1971.

El estudio clásico de Jeffrey Sachs y Andrew Warner de 117 países entre los 70 y 80, mostró que «las naciones en desarrollo abiertas tenían una tasa de crecimiento anual del 4,5% comparado con el 0,7% de los países en desarrollo cerrados y el 2,3% de las naciones industrializadas abiertas.»

En los últimos 30 años, el hambre crónica y el trabajo infantil se han visto reducidos a la mitad en los países en desarrollo. En los últimos 50 años la expectativa de vida ha subido de 46 a 64 años y la mortalidad infantil ha sido reducida del 18% al 8%. Para el año 2000 ya podíamos contar con 192 estados soberanos. De estos 192 países, 120 están representados por democracias liberales, algunas de ellas muy frágiles, con las que estamos moralmente obligados a cooperar. Como resultado de ésto, hoy podemos decir que el 58,2% de la población mundial vive en ambientes democráticos liberales.

En cuanto al ingreso promedio de los países en desarrollo, tan solo en una generación, se ha duplicado. De acuerdo al Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, en los últimos 50 años la pobreza global ha disminuido más que en los últimos 500. El número de pobres absolutos (que viven con menos de 1 dólar diario) ha disminuido, de acuerdo al banco Mundial, en 200 millones de personas en los últimos 20 años, habiendo crecido la población mundial casi 30%.

En la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2000 se aprobó la declaración del Milenio que dice así: «No escatimaremos esfuerzo alguno por promover la democracia y fortalecer el imperio del derecho y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidos, incluido el derecho al desarrollo».

Aunque todavía haya algunas personas a las que les cueste creerlo, es indiscutible que la democracia es el sistema de gobierno que más ha aportado para que la humanidad logre una convivencia con mayor bienestar socioeconómico, paz, libertad y desarrollo humano.

Esto no significa que todo esté hecho. Al contrario, estos datos nos permiten visualizar que todavía hay mucho que hacer, que la democracia es un proceso, evoluciona como lo hace el ser humano y que debemos hacer todo lo posible por ayudar y enseñar a que otros Estados logren lo más rápido posible el bienestar para sus pueblos. *

(*) Ricardo Vilchez Navamuel, presidente de la Fundación Internacional Educar para la Democracia (IFEDE) Exclusivo de IPS.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje