Fallo judicial en Argentina que protege el arte crítico

El catolicismo ultramontano sufrió un revés con el fallo revocando la clausura de la muestra retrospectiva del artista plástico León Ferrari exhibición que provocó las iras de un sector de la Iglesia y motorizó a sus cruzados para atacar la muestra que tuvo una recepción popular con escasos antecedentes.

El artista, un cristiano después de todo pero que critica las posiciones intolerantes del catolicismo se mostró ayer satisfecho con el fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo porteña que anuló una decisión judicial anterior ordenado la clausura de la muestra y elogió la actitud del jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra por defender los espacios públicos de la libertad de expresión.

Con todo, la exhibición en el Centro Cultural Recoleta se reabriría al público a principios de enero, tras cumplir con indicaciones del fallo de poner más carteles advirtiendo a los visitantes del contenido de la muestra.

La resolución fue dividida pero vale la pensa conocer algunos de los argumentos. Uno de los jueces, Horacio Corti, expresó que «la libertad de expresión debe proteger al arte crítico y si es crítico es molesto, irritante o provocador. Es en el respeto de la libertad a esa forma de arte que la sociedad prueba la genuina tolerancia».

Corti con el juez Carlos Balbín fueron los que revocaron la clausura pedida por la agrupación ultramontana » Cristo Sacerdote» , mientras que Esteban Centanaro votó a favor del cierre de la muestra. Señalaron los dos magistrados sobre Libertad de expresión que «el arte es también crítica de las ideas arraigadas y de las creencias mayoritarias o minoritarias. Y en esa crítica juega también un papel de envergadura la visión polémica que el arte entabla con las creencias religiosas, morales, sociales o políticas. Una obra como la de León Ferrari –dicen– se enmarca en una larga tradición de polémicas con las creencias más arraigadas o difundidas. Ante la dimensión crítica del arte es posible una diversidad de reacciones emocionales e intelectuales, pero ninguna justifica impedir la expresión artística del otro. Cuando se prohibe dicha expresión se entra al ámbito de la censura, que no es más que una forma de imponer al otro una creencia, una idea o un valor».

Uno de los cuestionamientos de «Cristo Sacerdote» fue que la muestra se realizara en un lugar público, aunque más tarde la impugnaría si se realizara en un sitio privado, de modo tal, sostuvieron los magistrados, «resultaría que las obras son en sí mismas hirientes, más allá del lugar en el que se encuentren. Pero dado que las obras son el resultado lícito de la libertad de expresión, pueden ser expuestas en lugares públicos o privados. En la realización de la política cultural, la Ciudad debe actuar de forma pluralista y el sistema de política cultural está basado en la prohibición de censura, en el respeto a la libertad creadora y en la diversidad estética».

Respecto de la violación de la intimidad porque la muestra atacaría creencias religiosas, el juez Corti argumenta que «el derecho a la intimidad garantiza a su titular el desenvolvimiento de su vida y de su conducta dentro del ámbito privado. No resulta suficiente que algo moleste o hiera la sensibilidad de otros porque si así fuera el derecho a la intimidad podría convertirse en un peligroso instrumento para censurar opiniones que no se comparten. Habría violación de la intimidad si se divulgaran arbitrariamente las creencias religiosas de una persona o se le impidiera profesar libremente su culto o pretendiera imponérsele una determinada convicción religiosa. Por el contrario, la circunstancia de que parte de la comunidad católica se haya manifestado libremente contra la muestra es prueba de que la libertad de conciencia no se ha visto afectada». A diferencia de otros casos en provincias, en el distrito porteño la presión ultramontana no amilanó a las autoridades comunales que apelaron la primera resolución que ordenó la clausura de la muestra. En Córdoba, el intendente Luis Juez, que es un aliado del presidente Néstor Kirchner, no soportó la presión de militantes lefebristas que impidieron que una exposición con imágenes de la Virgen María pudiera desenvolverse y ordenó su clausura.

Y en municipio de San Martín, la presión eclesial frenó la orden de levantar un memorial en homenaje a Camila O’Gormann, que en el siglo XIX se enamoró de un sacerdote y ambos fueron fusilados por orden de Juan Manuel de Rosas. Aunque la muestra de Ferrari fue acusada de «blasfemia» por el arzobispo Jorge Bergoglio, la Conferencia Episcopal que se reunió la semana pasada obvió referirse públicamente al caso, aunque a casi la totalidad de los obispos ese tipo de exposiciones, les desagrada.

Para festejar. *

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