Cientos de cadáveres están desperdigados por todas las calles
Cientos de cadáveres se encontraban alineados en la devastada ciudad de Banda Aceh, en el extremo norte de la isla indonesia de Sumatra, donde un maremoto barrió con todo lo que estaba a su alcance, constató un periodista de la AFP en el lugar.
Las olas gigantes que el domingo arrasaron el sureste de Asia provocaron más de 4.725 muertos en Indonesia, uno de los siete países afectados por el maremoto que dejó al menos 17.000 muertos en toda la región.
En Banda Aceh, cadáveres de hombres, mujeres y niños, cubiertos de sangre y lodo, fueron agrupados frente a un edificio de la Cruz Roja indonesia. La policía indicó a la AFP que había por lo menos 500 cadáveres, algunos de los cuales se encontraban en proceso de descomposición.
«Hay cuerpos por todas partes en la ciudad», indicó el comisario Angga Dadang Laksana.
Mohammad Ridwan, de 30 años, natural de una ciudad que quedó sumergida bajo las masas de agua, buscaba desesperadamente a su mujer y a sus dos hijos, uno de ellos un bebe de 18 días.
«Mi mujer acaba de dar a luz a nuestro segundo hijo. No tengo a nadie. No tengo más razón para vivir pero continuaré buscándolos hasta que los encuentre», dijo a la AFP.
Banda Aceh, capital de la provincia de Aceh, fue devastada por la muralla de agua, que pulverizó completamente la mayoría de las casas.
Los sobrevivientes responsabilizan a la «cólera divina» de esta catástrofe, según un periodista de la AFP presente en la zona, que afirmó que se estaba produciendo un éxodo masivo en la región.
Para Ainsi Haji Ali, un habitante de Patong Labu, una localidad próxima a Bireuen, «es como si Dios hubiera desencadenado la cólera contra su pueblo».
Hubo que esperar 24 horas para recibir las primeras imágenes de esta zona afectada por el terrible maremoto del domingo.
En todas las localidades costeras de la región se suceden imágenes de destrucción y de desolación: puentes arrancados, carreteras cortadas, frágiles viviendas de madera con tejados de paja deshechos, autos lanzados contra muros y zanjas.
Las escenas de caos se repiten por todas partes: ganado que vaga entre casas devastadas, pesqueros que navegan entre barcos destrozados en busca de eventuales supervivientes y cuerpos de niños muertos.
Los depósitos de cadáveres de los hospitales no tienen la capacidad suficiente.
Los supervivientes, que perdieron todo salvo la ropa que llevaban puesta, hablan de olas de diez metros de altura de una potencia devastadora que en pocos segundos invadieron las calles de la ciudad.
Al menos 4.725 personas murieron en el norte de Sumatra, según el ministerio indonesio de Asuntos Sociales, 3.000 de ellas en la región de Banda Aceh.
El presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono decretó tres días de duelo nacional en el país y Wawan Setiawan, un representante del ministerio de Relaciones Exteriores, advirtió sobre un posible aumento de las cifras de muertos. *
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