Lula culmina la primera mitad de su mandato con un escenario económico ideal
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva completa la primera mitad de gobierno con un escenario económico impensado hace dos años: producto bruto en alza, dólar y riesgo país en baja, inflación contenida y exportaciones récord.
«Muchos imaginaban que el Partido de los Trabajadores (PT) iba a tener problemas en la macroeconomía y buenas políticas sociales. Pero se dio al revés», dijo a ANSA el economista Fabio Giambiaggi.
«La política económica es lo mejor que está funcionando», dijo Lula da Silva en un desayuno con periodistas el 23 de diciembre.
La gran figura del gobierno es el ministro de Hacienda Antonio Palocci -elogiado una y otra vez por el presidente-, cuyo protagonismo opaca a dirigentes históricos del PT, como José Dirceu, hoy ministro de la Casa Civil.
«La principal transformación de estos años es el reconocimiento de parte del PT de que ciertos instrumentos de la política macroeconómica no son asuntos de izquierda o derecha», dijo a ANSA el economista Christopher Garman.
Según Garman, analista de la consultora Tendencias, «los inversores comienzan a vislumbrar un escenario de menor riesgo político en Brasil, porque temas de macroeconomía ya no dividen a los partidos políticos como en el pasado».
Lejos están ya los tiempos en que el PT defendía la moratoria de la deuda externa, la anulación de las privatizaciones y un aumento sustancial del salario mínimo.
El gobierno de Lula da Silva lanzó en 2003 un severo ajuste del gasto público y este año elevó la meta de superávit primario al 4,75 por ciento, por encima inclusive de lo exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Palocci, trotskista en su juventud, define a esa «evolución» como el paso de las «tesis históricas» del partido a las «tesis de la gobernabilidad», y descarta toda posibilidad de «recetas mágicas» en la política económica.
«Hacemos un ajuste clásico: pagamos nuestras cuentas, equilibramos nuestro presupuesto, combatimos la inflación y empujamos a Brasil a crecer», explica.
Luego de un crecimiento nulo en 2003, este año el Producto Bruto Interno (PIB) crecerá al menos un cinco por ciento, y se crearon dos millones de empleos, mientras la balanza comercial tendrá un saldo de 30.000 millones de dólares.
Sin embargo, Joao Pedro Stedile, el economista que coordina el Movimiento de campesinos Sin Tierra (MST), dice que la actual «es una política económica sin salida que beneficia sólo a los banqueros, las élites y las multinacionales».
Stedile reclama que los más de 33.000 millones de dólares del superávit primario de este año sean destinados a «servicios públicos, reforma agraria, educación, vivienda y obras que generen empleo».
Dercio Munhoz, profesor de Economía de la Universidad de Brasilia, advierte por su parte que la política económica no impulsa el desarrollo.
«La única función del ministerio de Hacienda y del Banco Central es lograr el superávit primario para pagar los intereses de la deuda», afirma.
Giambiaggi, sin embargo, considera que Lula da Silva no tenía muchas opciones en enero de 2003, cuando asumió en medio de una gigantesca crisis de confianza, con el dólar a cuatro reales y el riesgo país a 2.400 puntos.
«Si hablamos de matices, podría haber formulado metas de inflación menos ambiciosas. Pero si hablamos de una política completamente diferente, hubiera sido un desastre», afirma.
La «rigidez» de la política monetaria es también criticada por el presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Armando Monteiro, pero Garman considera que no había alternativa.
«El PT tenía hace dos años un importante déficit de credibilidad en el mercado luego de diez años de oposición criticando todo lo que ahora prometía hacer», afirma.
Giambiaggi sugiere a futuro «un mejor foco en las políticas sociales, dando más eficiencia a los recursos, y solucionar el tema fiscal aprovechando el gran ingreso de recursos».
«Que el gasto público esté aumentado 10 por ciento este año, cuando la economía crecerá un 5, es preocupante. Tendrían que aprovechar la época de vacas gordas para ahorrar un poco más», explica.
Garman, por su parte, apunta que «sólo reduciendo gastos se reducirá la presión tributaria. Y sólo así se obtendrá la calificación de ‘investment grade’ que permitirá un crecimiento sustentable», agrega. *
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