Tras el último quebranto de salud del ex dictador chileno

Revelan plan ante eventual muerte de Augusto Pinochet

Aunque el anciano ex gobernante superó el infarto cerebral que lo dejó varios minutos inconsciente y cinco días internado en el Hospital Militar, el Ejército y el Gobierno debieron revisar los planes previstos para el momento de su muerte.

Los diarios El Mercurio y La Tercera coincidieron hoy que el jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, será quien comunique el fallecimiento del ex dictador.

Por eso, escribió El Mercurio, el día del desmayo de Pinochet Cheyre debió cambiar la vestimenta deportiva que llevaba y se puso el uniforme militar «para hacer el peor anuncio. Al otro día, aliviado, regresaría de civil» al Hospital Militar.

El matutino relató que eran las 12.15 GMT cuando «el general (r) Pinochet estaba tomando el desayuno en su casa de La Dehesa. Justo cuando tomaba un vaso de jugo, súbitamente se desmayó y su cabeza se desplomó sobre la mesa del comedor».

«El enfermero de turno que lo descubrió inconsciente, intentó reanimarlo al tiempo que se comunicaba con el teniente coronel Fernando Coz, urólogo del Hospital Militar y el jefe del equipo que vela por la salud del ex gobernante», agregó el diario.

«Por 15 minutos, Pinochet no logró recuperar la conciencia. Otro médico, que debía acompañarlo en el viaje a Los Boldos que pretendía efectuar esa misma mañana, llegó a la residencia. Tras subirlo a la ambulancia del Ejército que lo sigue en todos sus desplazamientos, fue trasladado al hospital aquejado de un infarto vascular cerebral», el más grave que sufrió, según el neurólogo Sergio Ferrer.

El doctor Coz informó directamente a Cheyre que «Pinochet estaba rígido», y decidió partir al hospital para evaluar in situ el cuadro.

Previamente se comunicó con el ministro de Defensa, Jaime Ravinet, para informarlo.

Con formalidad le dijo que «el cuadro era complejo» y habló de «desenlace imprevisible».

Más tarde, decidió enviar un segundo alerta, y se comunicó con el secretario general de Gobierno, Francisco Vidal.

Ravinet, quien habló con Cheyre al menos dos veces más durante esa tarde, optó por avisarle al presidente Ricardo Lagos.

Según el periódico La Tercera, la forma en que el ex dictador debe ser despedido fue «preparada en varias ocasiones en los últimos 15 años, y se fue acomodando a medida que Pinochet iba desprendiéndose de sus cargos y su figura cambiaba de lugar en la sociedad chilena».

Hoy está contemplado situar una capilla ardiente en la Escuela Militar y luego efectuar una misa fúnebre en el mismo lugar. Los honores los rendirá un batallón de cadetes de la Escuela, y junto a ellos representantes de todas las unidades a las que perteneció Pinochet durante su vida militar.

El punto más complejo de la planificación de funeral fue siempre el lugar de sepultura.

La idea de depositar sus restos en un lugar público como el mausoleo militar del Cementerio General insinúa manifestaciones o atentados a su tumba, lo que hizo surgir hace una década la alternativa de la Escuela Militar, pero esa posibilidad ya no es tenida en cuenta.

Fuentes castrenses dijeron a La Tercera que situar los restos de Pinochet en la Escuela Militar, donde reciben su formación los oficiales, sería establecer un lazo demasiado estrecho entre el Ejército y el ex mandatario, «y haría surgir dudas sobre los pasos dados por Cheyre para convertir a la institución en patrimonio de todos los chilenos».

Descartada la Escuela Militar, y ante los riesgos de que el sepulcro sea violentado, la familia del ex gobernante, que según las normas castrenses es la que debe definir el lugar definitivo, buscó alternativas.

Una de ellas, que al Ejército le satisface, es que su cuerpo sea cremado de acuerdo al rito de la Iglesia Católica.

En el cementerio, Cheyre pronunciará un discurso, y también es tradición que lo hagan algunos de sus compañeros de la Escuela Militar (cuatro de ellos están aún vivos).

La familia, sin embargo, puede definir otros oradores, generales en retiro, ex ministros, etcétera, que rindan, en los planes contemplados, un homenaje más político al ex gobernante.

Miembros del Ejecutivo afirman que Lagos ya definió que no ordenará honores de Estado para Pinochet ni que tampoco asistirá a la ceremonia.

El Presidente, afirman en su entorno, considera que esos honores deben ser para los presidentes electos por soberanía popular, y además, darle ese estatus causaría duras críticas dentro y fuera de la Concertación, y sería un gesto incomprensible para gran parte de la comunidad internacional.

El protocolo de Estado obligaría a dictar duelo nacional y otra serie de consideraciones rituales que La Moneda no está dispuesta a conceder, pero eso no quiere decir que pretenda ignorar el acontecimiento ni utilizar su muerte para ajustar cuentas con Pinochet y su legado. *

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