Sordina para el diferendo con Cuba

La última tentación de Carlos Menem

Si realmente se quiso resolver un asunto humanitario, como que la mujer se reúna con su hijo, nuera y nietos en Argentina, lo hecho fue lo peor. Nada menos aconsejable que forzar al gobierno de Cuba a hacer lo que no quiere, como lo ha demostrado la historia en más de 45 años.

El equipo de la Cancillería que tomó el caso ya no está, fueron despedidos el jefe de Gabinete del ministro, Eduardo Valdés, y el embajador Raúl Abraham Taleb, y quedará por un rato la sombra de que no hubo otro propósito, como el de emitir alguna señal hacia Washington de que con La Habana en materia de derechos humanos hay diferencias. No se entiende por qué el canciller Rafael Bielsa habló del caso luego de su encuentro con Collin Powell, un dato que cerró cualquier mediación ante Fidel Castro.

El ministro reconoce que fue un desliz hablar de Molina en el Departamento de Estado y jura que con Powell, Cuba sólo surgió como diferencia aceptada por la administración de George Bush así como están divididos en lo que se refiere a Hugo Chávez.

De todas maneras es llamativo que dentro del Palacio San Martín se analice qué hacer en mayo en Ginebra cuando EEUU, directa o indirectamente, vuelva a la carga contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos si el tema Molina no está superado. Un error: si Argentina se abstuvo, con Duhalde y Kirchner, fue por considerar la moción como parte de la hostilidad norteamericana. O por considerarla de injerencia en asuntos internos y no por aprobar qué se hace dentro de la isla en la materia.

¿Aprobaría Kirchner sancionar a la Isla con sus consecuencias en el frente interno? ¿Cómo repercutiría un paso de esa naturaleza en las relaciones con Brasil y el Uruguay de Tabaré Vázquez? Parece otro mensaje a La Habana, pésimo camino como ya se ha visto.

A propósito de Taleb. El ex diplomático reconoció su falta de tacto para manejar el tema y, para peor, cuando fue convocado de urgencia por Bielsa, para que sepan en La Habana que estaba enojado, se encontraba internado en el famoso sanatorio Ciro García por una depresión: en una semana se le murieron su madre y un hermano. El otro cesanteado, Valdés, no atinó a ninguna autocrítica.

A los ministros, disciplina

El canciller quedó herido y no es lo mejor para la política externa de un país con su conductor algo rengo, pero hay que reconocerle a Bielsa -que por teléfono tuvo nuevamente duros encontronazos con Pérez Roque, su par cubano- que no ha querido generarle al Presidente una crisis fuerte, si es que daba un portazo tras el reto. Como estos días se meneó demasiado una gestión de España, que el canciller desconoce, generó fantasmas: que el Presidente lo haya puenteado; el virus de la desconfianza se instaló para no irse.

Kirchner es duro con los que tienen diferencias con él o buscan su propio espacio. Del rigor sabe el vicepresidente Daniel Scioli quien cuando abrió la boca, y la abrió de más, lo retó y castigó, fulminando a funcionarios que el ex motonauta había llevado a la flamante administración. El privilegiado en la sucesión presidencial guarda un profundo rencor.

Del esmerilado padeció hace poco el ministro de Economía, Roberto Lavagna, al producirse un problema con el banco norteamericano que hará el canje de la deuda en default. Fueron días de rumores sobre la salida del ministro porque desde la Rosada se hacía saber de la bronca presidencial por el revés sufrido y el hombre que debe conducir la parte más difícil de la deuda tiene que demostrar casi a diario que tiene el respaldo del Presidente.

Los errores se pagan y esto es válido para todos. Bielsa hizo mucha bambolla con pedirle a Gabriel García Márquez que hiciera de gestor de la salida de Molina a Argentina, uno de los pasos menos sensatos del inteligente canciller. Ahora parece que el Premio Nobel que había prometido llegar aquí en marzo (había sido invitado por Cristina Kirchner para que participara del Congreso de la Lengua hace poco), no vendrá. Sus razones nada tienen que ver con el gobierno y el caso cubano: son muy íntimas. Mas ¿quién no vinculará la ausencia de Gabo con el temor a que la prensa lo acose con el tema de la médica?

En búsqueda de una alternativa por derecha

El momento económico estas las Navidades, con índices de ventas y consumo elevado, es una escenario novedoso después de la crisis de 2001, cuando de hecho terminó una etapa de la historia nacional y aún no se construyó la nueva. Desde 1994 no se vivía un fin de año con esta euforia consumista. Con artilugios en la agenda de pagos de jubilaciones y sueldos en el Estado, algunos incrementos en los ingresos también, el derrame llega a sectores menos pudientes, y es eufórico a medida que se sube en la escala.

Fue ese contexto el que alentó a Carlos Menen a plantearse la reelección con el Pacto de Olivos, ese que acordó con Raúl Alfonsín para reformar la carta magna para permitirle el segundo turno, y con semejante poder las ínfulas del riojano crecieron tanto que no supo (o no quiso) advertir que el huevo de la serpiente estaba escondido en el sistema de convertibilidad.

¿Hay en el «modelo» de Kirchner una amenaza de un reventón? La economía repite el 2003 y crecerá este año casi el 9%, en tanto, casi todos los analistas esperan que en 2005 la trepada no baje del 7%, con incidencia en el drama del desempleo. Algunos expertos conservadores temen un brote inflacionario por la emisión monetaria del Banco Central para comprar divisas en montos sin antecedentes provenientes del comercio exterior.

Kirchner captó aquel momento crítico de 2001, del «que se vayan todos», pero atado por muchas necesidades al aparato del Partido Justicialista su proyecto de cambios en los modos de hacer política que fue una de las demandas de esos días tres años ya, puede entrar en la rutina y a la vuelta de la esquina, darle al Presidente un sinsabor. El juego no está cerrado y de alguna manera el regreso de Menem y su programa derechista algo quiere decir como potencial freno al curso presidencial de hoy que aún con sus menos, concita odios, amén del riojano.

Su regreso después de estar ocho meses prófugo de la Justicia tuvo algo de puesta en escena de un relato bíblico bajo la dirección de los hermanos Marx. La Rioja, su provincia natal y una de las más atrasadas del país, tuvo de todo en la fiesta de recepción: vírgenes de yeso, bombos y trompetas desafinadas, agua bendita y champán. Pero casi ningún peronista con peso territorial.

Hábil en darle su sentido a las cosas por ahora tiene mucho que remontar para intentar avanzar en sus objetivos. El, que proclama el verticalismo como mérito, sufrirá sus consecuencias ya que la mayoría de los caciques justicialistas, aún masticando bronca con Kirchner, prefieren acurrucarse bajo su ala. Es la fuerza y la debilidad del Presidente, porque esa necesidad de supervivencia de los viejos dirigentes locales acotan los esbozos de apertura hacia el progresismo no peronista.

Por ahora, carencia de aliados

Amén de tener que remontar su situación dentro del PJ e intentar influir afuera, Menem necesita respaldos de partidos de otro origen para su plataforma pro norteamericana y conservadora. Para la interna lo busca al puntano Adolfo Rodríguez Saá, pero de otro palo sólo lo acompaña una fuerza bonaerense que lidera el ex comisario que fue torturador, Luis Patti, patético personaje del rincón ultramontano de la política bonaerense.

El mundo de centro derecha anda con alternativas como Mauricio Macri, pero mientras su soporte Eduardo Duhalde prefiera a Kirchner, el empresario no avanzará hacia el menemismo. Por otros motivos, el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, otra car
ta conservadora, está en lo suyo, proyecto débil aún, con demasiados amagues pero con mucha plata: se ve como pretendiente presidencial para 2007 y no se cambia por nadie.

Los partidos neoliberales del interior, en algunas provincias tienen presencia, están en el proyecto de Ricardo López Murphy, líder del partido Recrear. El ex ministro que quiere superar su pasado antiperonista, abrió su juego a justicialistas enemigos del Presidente. Por dejar de ser gorila a las apuradas, puede pasar a ser un amateur entrampado.

Es que casi todos los convocados por LM vienen del palo menemista, el ex mandatario lo puso en su agenda y usa su nombre como potencial aliado. Es como mentar al diablo para el público que se le arrimó al líder de Recrear cuando dejó la UCR.

¿Entra la CGT en este juego? Su reunificación fue alentada para contener las luchas sindicales por mejores ingresos. En los conflictos de fuste, telefónicos, subterráneos o ramales ferroviarios, no pudo cumplir su objetivo ya que el clasismo pudo más. Unos de sus triunviros, Hugo Moyano, fogoneó estos días una huelga extraña de los recolectores porteños de basura y se ganó una reprimenda del Presidente. El paro fue por ahora levantado y dañó a Aníbal Ibarra, el jefe comunal que es una de las piezas no peronistas en el tablero de Kirchner.

Dentro de la CGT no son mínimos los dirigentes que acompañaron a Menem en lo más criticable de su diseño. Y si bien en la reunificación esa veta conocida como «los gordos» (por ser sindicatos numéricamente importantes) dio un paso al costado, está allí atenta. La mayoría sindical está con Kirchner pero éstos y «gordos» se juntan contra un viejo compromiso del Presidente con la CTA, de reconocerle sus sindicatos de base como recomienda la OIT. Si da ese paso, se modificaría la correlación de fuerzas en el movimiento obrero.

El Presidente no irá tan lejos, aunque debe mantener la esperanza a sus amigos de la CTA. Lo mismo le pasa con los transversales, sus aliados no peronistas, un atajo que irrita al aparato del PJ. Sobre estas «rebeldías» de Kirchner, golpeará Menem. Frente al ex, Kirchner como si lloviera, pero tiene lo que necesita: un enemigo. *

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