Saga de sexo y venganza no termina con Blunkett
Una semana tras haber dimitido de su cargo, Blunkett, de 57 años, parece haber superado la tormenta, tras el dictamen de la comisión que investigó el escándalo que provocó su renuncia y que no halló pruebas de que el entonces ministro hubiera intervenido para agilizar un visado de la niñera de su ex amante.
Sin embargo, Blunkett, quien era el ministro más popular del gobierno de Tony Blair, no salió indemne del escándalo, ya que la indagación mantiene que su oficina tuvo relación con la rapidez en la que le fue concedido el visado a Luz Casalme, la niñera filipina de Kimbely Quinn, su amante durante tres años. El permiso para la niñera de Quinn -una periodista estadounidense casada con un multimillonario, y que es madre de un hijo de dos años que Blunkett asegura es suyo-, fue concedido en 52 días, 120 días menos de lo habitual. Pero sir Alan Budd, responsable de la investigación, afirmó que la indagación no pudo determinar que Blunkett dio instrucciones para acelerar el trámite, aunque estableció que hubo «una cadena de acontecimientos» que relacionan al gabinete de Blunkett con el trámite del visado para Casalme.
Ese dictamen, que tiene muchas lagunas, permite al ex ministro evitar lo que se había afirmado constituiría un golpe definitivo a sus aspiraciones políticas: una prueba de su intervención para agilizar el trámite, o indicios de que hubo encubrimiento del ministerio para ocultar esa intervención.
Casi ciego y sobreviviente de una infancia marcada por la pobreza y la tragedia, Blunkett cuenta con un abrumador apoyo de los británicos (61%), según una encuesta publicada el martes por el diario The Guardian (centro-izquierda), que vaticinó el miércoles su «probable regreso» al gobierno.
«Si (los laboristas) ganan la próxima elección, creo que él (David Blunkett) podrá regresar al gobierno», declaró a la AFP David Baker, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Warwick (centro de Inglaterra).
Advirtió sin embargo que no cree que el ministro, que era el hombre más poderoso en el gabinete de Tony Blair, vuelva a ocupar un ministerio estrella, como el de Interior.
«No creo que vuelva a ser tan importante. No creo que ocupe uno de los cinco cargos más importantes» del gobierno, dijo el analista.
Por ahora, Blair se ha limitado a destacar que la investigación subrayó la falta de responsabilidad de Blunkett. «Como sir Alan Budd demostró claramente, no hubo encubrimiento», indicó un vocero del primer ministro británico, insistiendo que daba el escándalo por cerrado. Por su parte, la prensa británica parecía haber tenido lecturas distintas de las conclusiones de la investigación: algunos diarios subrayaban la ausencia de pruebas y la probable inocencia de Blunkett, mientras que otros titularon sobre su presunta culpabilidad. *
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