Kirchner envía otro embajador a La Habana
El presidente Néstor Kirchner en busca de reducir los decibles con Cuba designó como embajador en ese país a Darío Alessandro, un destacado político que con Carlos «Chacho» Alvarez creó el Frente Grande, el partido que quedó semipulverizado al producirse la debacle de la Alianza y del gobierno de Fernando de la Rúa.
Como la aprobación del cargo por el Senado se demorará, al igual que el placet de La Habana, es difícil que el nuevo embajador pueda asumir antes de marzo del año que se avecina.
Alessandro, un amigo además del canciller Rafael Bielsa, es subsecretario de Política Latinoamericana. Político prudente, negociador nato y de pasado progresista donde se incluyen sus simpatías juveniles por la Revolución Cubana, aunque ella no su modelo actual.
Los diferendos argentino-cubanos se centran en el caso de la médica cubana, Hilda Molina, que no logra permiso de su gobierno para viajar a la Argentina donde está radicado su hijo, nuera y dos nietos. El hijo de Molina, también un médico radicado en este país, brega desde hace tiempo para que el gobierno argentino lo ayude en el objetivo de sacar de Cuba a su madre.
Lo que se inició como una gestión oficiosa fue ganando más tarde trascendencia política y periodística que llegó a su punto máximo cuando Molina se alojó por 24 horas en la embajada argentina en La Habana, en lo que se consideró una operación de presión sobre el gobierno de Fidel Castro.
Por todo lo que se sabe, el presidente Néstor Kirchner ordenó desarmar esa operación y devolver a la médica a su casa. Un eventual pedido de asilo político, contemplado en el curso de acción que impulsaba el jefe de gabinete de la cancillería, Eduardo Valdés, hubiera llevado las relaciones a un punto crítico. Valdés fue «renunciado».
No fue el único de los errores diplomáticos. Antes, se le recomendó a Kirchner que le enviara una carta a Castro pidiéndole en términos humanitarios que permitiera el viaje de la médica que alguna vez dirigió un prestigioso instituto de rehabilitación y fue diputada de la Asamblea Nacional. Castro respondió invitando al hijo y familiares de Molina a visitarla en La Habana con todos los gastos pagos.
El error consistió en embalarlo al Presidente en una gestión abierta sin conocerse cuál iba a ser la respuesta aunque cualquier experto en Cuba podría preverla. Este mal paso sacó de sus casillas al Presidente quien ordenó varios relevos en la cancillería y el del embajador en La Habana, Raúl Abraham Taleb, otro de los inexpertos notorios.
Variaciones sobre el mismo tema
Por ahora ni Molina ni su hijo aceptan la idea de la reunión familiar en La Habana argumentando razones de seguridad personal. Es posible que los temores sean valederos, pero tampoco los funcionarios argentinos quieren que ese eventual viaje sea leído como una derrota de la diplomacia local.
Se ha buscado por ello que España permita el encuentro en ese territorio, si Rodríguez Zapatero logra convencer a Castro que permita a Molina volar a Madrid. No se conoce exactamente con qué compromiso ha tomado el presidente del gobierno español el caliente tema. No parecería imposible que la nuera y nietos de la médica sean los que viajen a La Habana, y si todo va bien, lo haga en otro momento su hijo.
Es un asunto delicado. Kirchner no quiere aparecer como inmiscuyéndose en los asuntos internos cubanos, ni tampoco que un gesto humanitario lo arrastre al campo del anticastrismo que reclama la derecha de este país que cabalga sobre el caso Molina para modificar la postura argentina en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Más aún, la prensa más conservadora sugiere que se congelen acuerdos comerciales entre los dos países.
Se sabe que Bielsa pidió, por el desgaste sufrido, su relevo del cargo de canciller, pero el Presidente lo ratificó. Dicen que apenas surja algún hecho que le dé satisfacciones al gobierno en política internacional, el canciller aprovechará el suceso para irse del cargo. Su relación con el Presidente ha quedado deteriorada.
Hubo otras designaciones en el Palacio San Martín. Leonardo Franco, abogado, ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, de reconocida trayectoria en organismos multilaterales y amigo personal de Bielsa, ocupará el cargo de Alessandro.
Por su parte, el abogado Horacio Méndez Carrera, con amplia trayectoria en la defensa de los derechos humanos, y que en la Argentina es el letrado de los familiares de Alice Domon y Leonie Duquet, las monjas francesas desaparecidas en Buenos Aires durante la dictadura militar, reemplazará a Alicia Oliveira, a cargo de Derechos Humanos del sector externo, que se había ido del cargo antes que estallara el affaire Molina. *
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