El movimiento social, dividido frente a Kirchner
Los asesinos de esos días, en su mayoría policías o custodios privados, aún no han sido condenados y está vacía la responsabilidad política del gobierno de De la Rúa: pocos funcionarios están procesados.
De esa jornada y la anterior, cuando las capas medias ganaron las calles porteñas y suburbanas al ser saqueados sus ahorros, dieron el puntapié inicial de una movilización más amplia en lo social, en un cuadro de saqueos alentados en varios puntos del gran Buenos Aires por grupos ligados al peronismo, el partido que a la postre lograría poner en caja los pimpollos de rebelión primero con Eduardo Duhalde y más tarde con Néstor Kirchner.
Fueron los días de la consigna «que se vayan todos» y el ímpetu de las Asambleas especialmente en los barrios, que hicieron pensar a sectores de izquierda que eran momentos pre revolucionarios o del «argentinazo» un cuadro que hoy es, por ahora, un recuerdo.
La jornada tres años más tarde, tiene hoy a algunos de sus protagonistas sobre todo del universo «piquetero» divididos en cómo apreciar al gobierno de Néstor Kirchner.
La Plaza de Mayo fue el epicentro del espacio de izquierda que exhibieron una gran capacidad movilizadora y un duro discurso anticapitalista donde Kirchner fue colocado como el culpable de haber devuelto al Estado su capacidad para controlar al movimiento social o reprimirlo.
Programa anticapitalista
Las consignas contra la deuda externa, el pago de los compromisos con el FMI o el reclamo de mayores subsidios para los desocupados y un programa para recomponer el mercado del trabajo mediante la implantación de las seis horas para poder repartir más equitativamente los puestos laborales, se juntaron con demandas por la libertad de 30 detenidos en conflictos sociales que son calificados como «presos políticos», así como el reclamo para que se desjudicialice a más de 4 mil procesados por luchas reivindicativas.
Con todo, lo dominante en este espacio fue el discurso confrontativo con el gobierno de Kirchner acusado de haber pactado con el FMI, o sumarse a la estrategia de los EEUU por el envío de tropas a Haití. De hecho, en la visión de este espacio, el de Kirchner es un gobierno pro yanqui.
Asimismo el discurso de fuerte contenido clasista, reivindicó las luchas obreras que desbordan a los llamados «burócratas sindicales», sobre todo los de la CGT, hoy unificada, pero no solo contra ella.
No es la apreciación que reiteraron ayer el sector de piqueteros y del movimiento social que encabezan el Movimiento de Tierra y Vivienda y «Barrios de Pie», espacio progresista, donde se destaca el diputado provincial Luis D’Elía y donde se piensa que el gobierno de Kirchner rompió con la lógica del modelo neoliberal, aplica una política internacional independiente, negocia «con dignidad con el FMI y la deuda externa» o se inscribe en la tendencia de resistencia al imperialismo contra el ALCA y por el Mercosur y la unidad sudamericana.
Los cambios en la Corte Suprema en sentido progresista, la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, también se colocan en el haber de la actual administración.
La movilización de este espectro fue también fuerte y tuvo a la Plaza de los Dos Congresos, donde está el Parlamento, la primera estación de la concurrencia.
Las dos concentraciones, dos caras de la moneda social, por su magnitud, convirtieron a casi toda la zona céntrica y comercial en un pandemónium. Los sectores medios que hace tres años iban codo con codo con los piqueteros, sean los opositores a Kirchner o quienes lo apoyan, ayer condenaban la ocupación, aunque pacífica, de las calles.
De hecho, las de ayer podrían ser las últimas de las grandes movilizaciones del año, y deberá sedimentarse sus efectos y cómo repercutirá en un año clave en lo electoral como es el 2005, que es también donde se esperan definiciones en la renegociación de la deuda externa. *
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