Un Bielsa recortado sigue como canciller
Kirchner recortó el poder de Bielsa al confirmar la decisión de que se desprendiera de su mano derecha el jefe de gabinete, Eduardo Valdés. Al mismo tiempo el Presidente no intervino la Cancillería. Permitió que Bielsa designara él mismo al relevo: recayó en el actual secretario personal del ministro, Aníbal Gutiérrez. Con todo sale fortalecido el vicecanciller Jorge Taiana, quien siempre se opuso a ventilar públicamente el caso. Gutiérrez tiene buena relación personal con el vicecanciller y su equipo de asesores.
La decisión de que Valdés se fuera fue tomada por Kirchner. Piloteaba en la cancillería el caso Molina y según el columnista Horacio Verbitsky en Página/ 12, había pergeñado sacar de contrabando de Cuba a la médica cuando pensaba que viajaría a la isla la esposa del Presidente, la senadora Cristina Kirchner.
Ya una vez, en tiempos de la guerra fría, un agregado laboral argentino ante la URSS intentó sacar a dos españoles que vivían en Moscú dentro de la valija diplomática que al ser descubierto casi puso al punto de la ruptura de las relaciones entre esos dos países en 1947.
¿Un error de apreciación de un funcionario amateur o un curso de acción tendiente a congraciarse con los EEUU? Aunque casi nadie sostiene esta última apreciación, quedan dudas.
Es que hay dudas por varios pasos ordenados por el canciller. Veamos: 1) Bielsa dijo que había convocado a Buenos Aires al embajador en Cuba, Raúl Taleb, cuando antes un comunicado formal de la Cancillería había negado esa convocatoria, que en diplomacia es una protesta formal. 2) Bielsa planteó el problema con Cuba como un problema de «dignidad». 3) E hizo esas declaraciones luego de entrevistarse con el saliente secretario de Estado, Colin Powell.
Bielsa – Powel, extraña reunión en medio de la crisis
Un funcionario próximo al canciller dijo a Página/12 que la declaración de Bielsa no fue impulsada por Powell y que en la reunión Bielsa no había planteado el tema de ese modo. Pero el diario recogió también una información que contradice una parte de la anterior: en la entrevista con Powell, justo cuando después de hablar de Bolivia y de Cuba, pero sólo al paso, las comitivas estaban por tocar la situación venezolana, Bielsa tomó la palabra y habló largamente, durante diez minutos, del caso de la médica Molina y la falta de respuesta del gobierno cubano, como si fuera un tema bilateral entre Buenos Aires y Washington. Cercanos al ministro niegan que esto haya sido así.
¿Es Bielsa también un novato? Sigamos. Vinieron luego dos hechos incontrastables: uno, que Hilda Molina entró a la embajada argentina en Cuba antes de las seis de la mañana, fuera del horario habitual de atención que se inicia a las 9.00. La estaban aguardando los responsables de la embajada ya que Bielsa y Valdés dieron orden de que le abrieran la puerta a la médica y su mamá y que debería tener preparado colchones para ellas.
Las fuentes y los columnistas de los diarios de ayer coinciden en que Kirchner no fue consultado de ese curso de acción. Que bien podría llamarse «operación asilo político».
Bielsa y Valdés explicaron que abriendo la puerta se evitaría que la médica se encadenase a la embajada, en protesta contra el gobierno de Castro, actitud que no condice con todo lo que dijo Molina más tarde cuando regresó a su domicilio en Centro Habana.
Verbitsky cuenta que con las dos mujeres dentro de la embajada, la Dirección General de Asuntos Legales de la Cancillería dictaminó «que no se daban las condiciones para otorgar asilo diplomático, ya que no había riesgo para su vida, su libertad o su integridad física, ni se las acusaba por motivos políticos de ningún delito».
No sólo amateurismo
Aunque Molina negó que quisiera asilarse, «la Cancillería no detuvo la operación. Por indicación de Valdés, el ex vicecanciller de Menem, Fernando Petrella, encomendó a los embajadores en países europeos que buscaran adhesiones a la posición argentina. Pero no pudo explicar cuál era y terminó en un duro incidente con el secretario de política exterior, Roberto García Moritán, quien ante la consulta de varios embajadores, lo desautorizó», señala Verbitsky.
¿Sólo chambonadas? Algo más: Bielsa había dispuesto cancelar una comisión mixta sobre cuestiones comerciales, sin que Kirchner lo supiera. Por eso, el canciller cubano Pérez Roque y su embajador en Buenos Aires mantuvieron informado al gobierno argentino a través del secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli.
De cualquier forma Kirchner interpretó la movida como fruto de la impericia y la buena fe, y no de un plan urdido para crear una crisis de grandes proporciones, «porque de otro modo ayer hubiera pedido también la renuncia del canciller», dice Martín Granovsky en Página/12. Ojalá no se equivoque.
El amateurismo, y aceptando con reservas cargar a la impericia (solamente) lo ocurrido, desconoce habitualmente la historia. Hace más de 45 años que Washington no puede con Fidel y pensar que a los panzazos obligaría al dirigente cubano a autorizar el visado para Molina, es no conocer lo mínimo en política internacional.
El embajador Taleb fue también defenestrado y Kirchner aún no decidió el relevo ni se habla más del viaje presidencial a La Habana.
«Clarín» se pregunta ayer por qué no se optó por el sigilo con una mediación vía Lula o Hugo Chávez ante Fidel. En general nadie aquí desconoce el derecho de la médica de venir a la Argentina. Si eso se hubiera preservado acaso el escándalo se hubiera evitado. Veremos. *
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