Purga en la Cancillería argentina
Por lo pronto el embajador argentino en Cuba, Raúl Abraham Taleb, designado en su momento por un compromiso de política menuda entre Kirchner y el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, y el jefe de la Cancillería, Eduardo Valdés, un amigo del ministro Rafael Bielsa pero sin antecedentes en este delicado oficio, fueron sacados del medio.
¿Y el canciller? «Está más cerca de ser candidato a diputado el año que viene, pero ahora no pasará a mayores», cuentan los que saben. A La Habana para resolver el entuerto ha viajado desde su destino en Tegucigalpa, Honduras, el militante de los derechos humanos, Alfredo Forti. Y a esto se agregaban los rumores de una dura disputa entre el canciller y su segundo, Jorge Taiana, por la estrategia en este tema. Al intervenir directamente el Presidente comenzaron a despejarse las dudas de las largas horas que la médica cubana y su madre, una anciana de 84 años, pasaron en la sede diplomática en La Habana, donde primero se habló de asilo o que se iba a «encadenar» en las puertas de la embajada, luego que las dos mujeres estaban como huésped y más tarde, que la abandonaron y volvieron a su domicilio en Centro Habana. Desde allí, hablaron con las radios y la TV argentinas. Molina, una destacada científica que dirigió la rehabilitación de un político importante de la Unión Cívica Radical, César Jaroslawsky, quien fue a Cuba casi una piltrafa y regresó con posibilidad de moverse por sus propios medios.
¿Por qué Fidel Castro no quiere que viaje? No hay argumento conocido. No es una disidentes clásica, no frecuenta la Oficina de Intereses pero el secretario del Partido Comunista argentino, Patricio Echegaray, afirmó sin fuentes ni expedientes a mano, que la médica había cometido irregularidades en el instituto de rehabilitación.
El hijo de Molina, el también médico Roberto Quiñones, brega por ese permiso desde hace casi una década aunque sólo encontró eco en el ahora ex funcionario Valdés cruzado de esta gestión humanitaria.
Pero como en otros casos, se hizo mucha bambolla pública, e incluso el canciller publicitó que un encuentro suyo con el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, para invitarlo a viajar a la Argentina era casi un pretexto para interesarlo que intercediera por la doctora ante Castro, su amigo personal.
Mucho más pesado le debe haber caído al líder cubano el hecho de que Bielsa sacara a luz el caso tras su encuentro, días atrás, en Washington con el secretario de Estado, Collin Powell, una forma rústica de presión. Por lo bajo hubo hombres del gobierno que lo criticaron por haberlo hecho justo al salir de un encuentro con el secretario de Estado, en medio de las maniobras militares en la Isla sobre una supuesta invasión de EEUU o cuando en la oficina de intereses en la Habana, los gestos son de provocación diaria.
Los diplomáticos más duchos se preguntan por qué el canciller no utilizó la senda del sigilo por medio de amigos de Cuba como Lula o Hugo Chávez, antes de llevar las cosas a una polarización no deseada por el Presidente.
Se critica también al canciller por haberlo jugado a Kirchner con una carta personal pidiendo por la médica, sin garantías de éxito. Los amigos de Bielsa lo defienden: «Pérez Roque (canciller cubano) le dio señales positivas», cuentan.
Lo real es que contra los cálculos políticos de Bielsa y Valdés, Castro respondió el martes con un «no» y contraofertó en una carta a Kirchner, que fuera la familia la que viajara a La Habana. Estupor porque la negativa fue a contramano de la reciente liberación de una docena de disidentes políticos de mayor entidad política, pero reclamados por España. Otra mala lectura de la realidad.
La pregunta que ayer se hacían aquí era quién invitó a Molina y su madre a ir a la embajada y para qué. Los ojos giran hacia el «gordo» Valdés.
Ella dice que fue a informarse de la misiva de Kirchner. Algo pasó en las más de 24 horas que las dos mujeres estuvieron como huéspedes. Se supone que desde aquí alguien las alentó a que pidieran asilo para forzar la salida y lograr un «éxito diplomático» a costa de hacer añicos los buenos lazos entre Kirchner y Castro.
La historia que cuentan Molina, su familia y algunos funcionarios de que la madre de la médica se descompensó no cierra. Por lo pronto, ¿cómo no se la internó en un sanatorio donde se mantenía la territorialidad argentina?
Aunque la tensión se dispersó cuando se supo que Molina había abandonado la Embajada donde permanecía con el status de «huésped» por su voluntad y sin haber pedido asilo político, el lío pasó de La Habana a Buenos Aires ya que desató una crisis institucional dentro de la Cancillería.
A punto de dejar Washington rumbo a Berlín donde se entrevistó con Joschka Fischer, Bielsa y Valdés habrían autorizado que Molina fuera recibida en la Embajada al enterarse de que la neurocirujana planeaba «encadenarse» al frente de la delegación, señaló una fuente diplomática a «Clarín».
En la turbulencia resurgió el mentado enfrentamiento entre Bielsa y su segundo, el vicecanciller Taiana. En el riñón de Bielsa se lo responsabilizaba por haber azuzado las críticas a la movida diplomática en los oídos presidenciales.
Taiana, que conoce el caso desde sus tiempos en la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, siempre se opuso a la táctica de presionar a Cuba en público por el caso, sosteniendo que no se obtendría el resultado buscado. Y de hecho habló el miércoles del tema con el Presidente durante la Cumbre del Cambio Climático. Lo que pasó después es lo que se relató aquí. Ahora el gobierno paga costos como si hubiera emprendido una cruzada anticubana y así se regocijan en Washington.
Vamos a ver cómo le va al enviado especial, el embajador Forti y si Kirchner cumple con su plan de visitar Cuba. *
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