Hilda Molina, del Partido Comunista a la disidencia

La doctora Hilda Molina, quien exige permiso para viajar a Argentina, y Cuba se lo niega, recibió los máximos honores que concede el gobierno de Fidel Castro a sus científicos, pero en 1994 se distanció de la ideología comunista para refugiarse en la religión y la disidencia.

Nacida hace 61 años en la provincia de Ciego de Avila (centro), Molina se graduó en Medicina en la Universidad de La Habana y se especializó luego en neurocirugía, una disciplina a la que dedicó gran parte de su vida.

Considerada por sus colegas como una tenaz investigadora, la cirujana incursionó como pionera en las técnicas de trasplantes de células fetales a cerebros de pacientes afectados por el Mal de Parkinson.

En abril de 1987 su nombre alcanzó fama mundial por ser la primera mujer en el planeta en llevar a cabo una intervención quirúrgica de trasplante de tejido cerebral con éxito, una operación que sólo había sido efectuada previamente por cuatro hombres, en Estados Unidos, México, Suecia y China. Activa militante del gobernante Partido Comunista, Molina fue distinguida con varias condecoraciones por sus méritos científicos y llegó a ocupar una banca de diputada en la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

Fue fundadora y directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren), una institución insignia de la medicina cubana dotada con tecnología de avanzada y donde actualmente se ofrecen servicios a pacientes del extranjero, que deben pagar en divisas por sus terapias. Pero su vida cambió de rumbo en 1994, cuando renunció a la jefatura del Ciren tras discrepar con el tipo de «medicina mercantilista» que allí se practicaba –según sus denuncias de la época– y por plantear cuestionamientos éticos sobre el manejo del tejido fetal humano.

A partir de ese momento, Molina cayó en desgracia ante los ojos del gobierno cubano y comenzó a transitar el camino de la religión y de la militancia opositora, dejando atrás su pasado en la medicina al no poder trabajar en la isla.

En declaraciones a la prensa extranjera en 1995, la neurocirujana explicó que sus cuestionamientos éticos comenzaron cuando preguntó a responsables cubanos si las mujeres que abortaban –una práctica legal en Cuba– eran informadas sobre el destino de sus fetos y le respondieron negativamente.

Molina renunció al Partido Comunista, comenzó a frecuentar iglesias al alegar que «había reencontrado la fe católica» y se unió al disidente Colegio Médico Independiente de Cuba, que opera en forma ilegal en la isla. *

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