Brian Haw lo acusa con un megáfono como única arma

La conciencia de Blair

Junto a una estatua de Winston Churchil, en medio del flujo casi permanente de vehículos, este inglés de 55 años inició ayer viernes su 1.287º día de «ocupación» del césped de Parliament Square, en pleno centro de Londres y a sólo metros de los oropeles de las cámaras de los Comunes y de los Lores. Haw no parece inquieto ante la perspectiva de una ley para hacerlo callar presentada como la prohibición de «manifestaciones permanentes» en Westminster.

«Porque dije que hay un genocidio en Irak, porque dije que hay que parar esto ¿soy yo el criminal?», sonríe irónico, con un pucho en los labios. «Â¡Pues bien, nos vemos ante la Justicia en Estrasburgo, señor Blair!»

El Big Ben marca las 09H15 cuando Haw sale de su saco de dormir instalado sobre unas cajas y bajo una carpa. Como todos los días, comienza su jornada con una buena ducha en la estación del metro Westminster.

El miércoles, como cada semana, luego de prepararse un café, espera la llegada del Primer Ministro británico que debe ir a mediodía al Parlamento para responder a las preguntas de los diputados, pasar delante de su campamento improvisado y al alcance de su megáfono.

Sobre trozos de cartón y tablas, decenas de fotos de niños iraquíes mutilados por las bombas estadounidenses o británicas.

«Blair bliar» (Blair mentiroso), «you lie, kids die» (usted miente y los niños mueren): los anuncios están dirigidos directamente al jefe del gobierno laborista.

Cristiano evangelista, Brian Haw descubrió en Belfast, en Irlanda del Norte, «lo que las bombas provocan entre la gente inocente». En la Navidad de 1989, se fue a Camboya para denunciar los crímenes de los jemeres rojos.

Teniendo siempre presente el recuerdo de un padre francotirador en el ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial y uno de los primeros que entró en el campo de concentración de Bergen Belsen cuando éste fue liberado: «se suicidó con gas 20 años más tarde», explica.

Ex ebanista, Brian Haw abandonó su trabajo, a su esposa Kay y a sus siete hijos en 2001, para ir a Westminster a expresar su oposición a las sanciones de la ONU contra Irak. Luego vino la segunda guerra del Golfo y Saddam Hussein fue derrocado.

Pero él sigue allí, ahora divorciado y negándose a levantar su campamento. *

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