Sin solución en el conflicto del subterráneo porteño

El presidente Kirchner dice que la desocupación cae

«La indigencia disminuye y hay más ocupación y a fin de año el desempleo será menor al 13%» afirmó ante centenares de trabajadores de una moderna empresa de armado de transporte de pasajeros que abrirá empleo a unas 500 personas. Allí, el Presidente alentó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá a que avance con su idea de obligar a que los grandes morosos paguen sus impuestos incluso con la amenaza de abrirles las cajas de seguridad personal donde pueden (o no) guardar dinero.

En la provincia de Buenos Aires habría unos 35 mil grandes evasores, cuya nómina difundidas por los medios ha generado escozores. Por caso, el ingeniero Juan Carlos Blomberg, que se convirtió en el ojo avizor de las capas medidas sacudidas por la inseguridad, aparece en esas listas junto a otros nombres conocidos.

Ahora bien: la ofensiva de Solá puede tener algo de espectacularidad ya que sobraría conque el fiscal del estado provincial reclame a un juzgado que un evasor puntual sea conminado a abrir sus cofres para que la medida se concrete, sin necesidad de generar pánico que hasta puede servir de advertencia para los tramposos.

Pero la obsesión presidencial es como volver a encauzar la cuestión de la deuda en default. Ayer se reunió con el ministro de economía Roberto Lavagna y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, analizando las demoras en la elección del banco que actuará como agente de cambio en el canje de la deuda en default.

Ya se sabe que el Banco de Nueva York que debía hacer la tarea se cayó. Esa ausencia genera el peligro de una nueva postergación en el comienzo de la operación prevista para el 17 de enero.

Al candidato original le dijeron que no cuando reclamó más tiempo y más plata para adaptar los sistemas informáticos a la compleja operación. Pero ahora que el tiempo apremia ese banco vuelve a estar en una posición privilegiada.

En esta impasse se demora la firma del decreto de la reestructuración de la deuda o sea la oferta final de pago. Aunque se habla aún de una quita del 75%, habrá que ver los detalles del decreto para poder hablar de números.

No es la única preocupación oficial. Una fuerte es la situación conflictiva en las seis líneas de los subterráneos porteños donde se suceden a diario paros de tres a cuatro horas por turno que disloca el servicio que es utilizado cada día por un millón de pasajeros.

La huelga es impulsada por una coordinadora de delegados que desconoce al sindicato del transporte de pasajeros, que es uno de los puntales de la CGT. El ministerio de Trabajo no le encuentra la vuelta para imponer una tregua. En realidad ya la hubo pero la empresa concesionaria, Metrovías, no abre la mano y en esa dureza, la respuesta es más firmeza laboral. Incluso los trabajadores amenazaron con acostarse sobre los rieles si la empresa busca poner en funcionamiento un servicio de emergencia con su personal jerárquico.

Es la huelga más dura. Otra de característica singular por su combatividad, fue la de los trabajadores telefónicos que concluyó con una victoria obrera. Las negociaciones en el sindicato metalúrgico avanzaron algo con mejoras para 300 mil obreros. Estos tiempos de luchas, huelgas y otras formas de movilización tiene que ver con la mejoría económica, que aunque alcanza poco a los más desprotegidos, crea expectativas de que hay condiciones para lograr mejoras en las remuneraciones. *

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