Llegan tiempos de redistribución del ingreso

Triunfo salarial y político de los trabajadores telefónicos argentinos

Luego de una semana de movilizaciones y ocupación por los trabajadores de los sectores claves del sistema telefónico privatizado, las partes aceptaron que los salarios serán incrementados en un 20%, que las empresas otorgaran un adicional único de 500 pesos y que no se incrementarán las tarifas.

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, tuvo un papel relevante, o dicho de otro modo, no puso esta vez al Estado del lado de las empresas, aunque el reclamo salarial laboral era del 25% de incremento.

Además las empresas, Telefónica, de capital español y Telecom, controlada por una mixtura de capitales europeos, aceptaron racategorizar las funciones de los trabajadores, lo que en muchos casos significarán mejoras adicionales.

Se estima que las compañías deberán desembolsar el equivalente a 8,5 millones de dólares destinados a las mejoras salariales, suma que no enflaquecerá demasiado sus balances. Algo más: las ganancias hoy son mayores en el servicio de celulares, que casi no tienen controles. Su difusión ha sido los últimos años espectacular, pese a que las tarifas son abusivas.

La huelga telefónica ha sido un test positivo tanto para medir el papel del Estado como el de la movilización activa en número tal que los observadores anotan como descollante y que anuncia un retorno a las prácticas clasistas del reclamo.

 

El papel de la unidad

Ha sido posible por que la dirección del sindicato capitalino de los telefónicos es una mixtura positiva de peronistas cercanos al camionero Hugo Moyano, el triunviro más destacado de la directiva de la CGT, con militantes de izquierda no peronista que se reconocen de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

La CGT tiene una mayoría de gremios reconocidos, pero la CTA lidia por que se les otorgue personería para negociar convenios a más de 1.200 sindicatos que hoy están simplemente inscriptos en el ministerio de Trabajo. Actualmente están en curso varios conflictos como el de los maestros bonaerenses francamente enfrentados con el gobierno de la provincia más importante del país y para hoy se espera un nuevo paro de los trabajadores de los subterráneos, también por mejoras salariales y otras reivindicaciones.

De hecho, este protagonismo de los sindicatos, restan espacio al movimiento piquetero, con fuerte impronta de partidos de izquierda histórica aunque no solo de ellos, acaso porque los trabajadores organizados han vislumbrado que el crecimiento de la economía trae aparejado el contexto propicio para los reclamos.

De todas maneras, movilizaciones de desocupados organizados por fuentes genuinas de trabajo, han tenido elevado nivel especialmente en la provincia de Santa Cruz, donde hay un saldo de detenidos y posibles procesados por la ocupación de centros petroleros. Durante diciembre, en todo el país, están pensadas movilizaciones que sus promotores aguardan sean de envergadura. El programa piquetero incluye trabajo y la consiga de Navidad sin presos políticos, como designan a los presos o procesados acusados de participar de movilizaciones violentas.

 

Pérdida colosal del ingreso salarial

El promedio salarial es de 435 pesos mensuales (1 dólar equivale a 3 pesos), lo que deja a casi la mitad de la población bajo la línea de pobreza. Y los índices de desocupación, si se incluyen dentro de ellos a los beneficiarios de los planes de ayuda familiar, 150 pesos mensuales, es del 19%.

Estos datos, y los balances de las empresas y no solamente las más concentradas, dan espacio real para que se incentiven los reclamos.

Para los analistas, será lo que domine en el campo social el año que se inicia y altos funcionarios califican como «positivo» lo que ocurre porque revela que el país está en crecimiento y en movimiento.

Kirchner ha intentado en la cuestión social, no perder la iniciativa. Hasta ahora, los incrementos de los ingresos, directos o indirectos, han sido promovidos por el gobierno, aunque hayan sido fuertes los reclamos sindicales y del piqueterismo.

Atento a que llegaría el tiempo de las convenciones colectivas, Kirchner alentó la unidad de la CGT (peronismo histórico) que hoy está dirigido por un triunvirato y apoyó el ingreso de la CTA, central disidente, al Consejo del Salario, de manera que las inevitables huelgas por mejores ingresos estén bajo control, que no se desmadren.

Las organizaciones empresarias han hecho saber que consideran apresurado incrementar los ingresos, a pesar que en los últimos dos años el PBI trepó más del 17%. La pérdida del poder adquisitivo por la devaluación de 2002 ha sido del 53%.

Está lejos todavía su recuperación. *

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