"Mea culpa" de los periodistas chilenos
El Colegio de Periodistas exigió «un reconocimiento expreso a aquellos medios de comunicación que hicieron de la manipulación o la mentira su opción editorial» durante el régimen de Pinochet (1973-1990).
«Este colegio profesional siente vergüenza de quienes, ostentando el nombre o título de periodistas, mancillaron el deber de revelar una verdad que, difundida oportunamente, habría ayudado a salvar vidas», señaló un comunicado.
La declaración se sumó al reconocimiento que formularon en los últimos tres días el Ejército, la Armada y la Policía de Carabineros sobre la participación de sus oficiales y subordinados en prácticas sistemáticas de torturas.
Un informe que preparó la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, revelado el domingo por el presidente Ricardo Lagos, contiene 35.000 testimonios de víctimas que sufrieron violaciones sexuales, quemaduras, aplicación de corriente eléctrica y simulacros de fusilamientos. Tras el golpe que instaló la dictadura, el 11 de setiembre de 1973, más de una decena de periodistas fueron asesinados o desaparecieron, los medios que no adhirieron al régimen fueron clausurados y los militares implantaron una severa censura que se mantuvo durante los primeros meses en la prensa, la radio y la televisión.
Tras el fin de la censura vino un período de «autocensura» y esa actitud de los periodistas impidió «poner límites a un régimen que, sin el control de la opinión pública, se sintió alentado a violar los más esenciales derechos humanos», dijo el presidente del gremio, Alejandro Guillier.
«En estos días en que el país enfrenta esta dolorosa verdad, el Colegio llama a una profunda reflexión a aquellos periodistas que por temor, cobardía, comodidad, oportunismo o particularmente por complicidad, mintieron u ocultaron la verdad», dijo la declaración de la agremiación.
Uno de los medios que apoyó el golpe militar fue la Corporación de Televisión de la Universidad Católica, que en su noticiario nocturno del lunes admitió, por primera vez, que bajo el gobierno de Pinochet «avaló y difundió sin reservas la versión oficial de los hechos» sin investigar su autenticidad. Junto con ese reconocimiento, la estación difundió un reportaje de 20 minutos con testimonios de mujeres torturadas y violadas y prisioneros que sufrieron fusilamientos simulados.
En la pantalla, junto a una imagen del Estadio Nacional donde fueron llevados más de 10.000 prisioneros a fines de 1973, un conocido periodista se preguntaba entonces: «¿La pasan muy mal los detenidos? (…) ¿Están muy angustiados?» «No» –se respondía el periodista–, «porque tienen tiempo hasta de formar improvisadas orquestas». Y la pantalla mostraba a un grupo de prisioneros a pleno sol, cantando en medio de militares fuertemente armados.
La periodista Raquel Correa, una de las más destacadas entrevistadoras del diario El Mercurio, sostuvo que el influyente matutino debería reconocer que no denunció los atropellos a los derechos humanos.
«Creo que sería interesante que lo hiciera, más aun creo que debiera hacerlo. No sólo El Mercurio, creo que la prensa (en general)», dijo Correa a Radio Cooperativa.
María Angélica de Luigi, que durante años fue una de las periodistas más incisivas de ese influyente rotativo y también se desempeñó en la televisión y la radio, escribió un singular ‘mea culpa’ en el periódico «The Clinic». «Yo sólo me estiré al sol, remoloneando, entre los zapatos que perseguían y los zapatos que arrancaban por Huérfanos, por Pudahuel y La Victoria», recordó, evocando los barrios de Santiago donde se desató la peor parte de la represión.
«Mientras a otras chilenas les rompían la vagina con animales, botellas, electricidad, les daban puñetazos y mataban a sus hijos y padres, yo le leía cuentos a mi hijo (…) ¿Era feliz? Lo siento», escribió la periodista, que hace años dejó su profesión para dedicarse a la pintura. *
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