"Néstor Kirchner ‘cooptó’ el discurso de la izquierda"
Fuertemente opositor al gobierno de Néstor Kirchner del que dice aplica una política «gattopardista», aliado al Partido Socialista de los Trabajadores en Izquierda Unida con mínima representación parlamentaria nacional, el PCA intenta acordar con otras fuerzas de izquierda pero sobre todo con sectores sociales, para conformar una alternativa política frente a las fuerzas políticas tradicionales.
Su secretario general, Patricio Echegaray, sostiene sobre la actualidad que «el grupo hegemónico del justicialismo representado por la alianza (Eduardo) Duhalde-Kirchner ‘cooptó’ el discurso de la izquierda, que al calor de las movilizaciones del 19 y 20 (de 2001) produjeron una ruptura cultural que determinó la caída de los consensos neoliberales sobre las privatizaciones, las reformas del Estado, las relaciones carnales, la bajada del costo argentino y la flexibilización laboral».
Con la misma mirada crítica Echegaray sostiene que luego vinieron otros consensos «los antineoliberales, de defensa del papel del Estado, del salario de los trabajadores, la recuperación del patrimonio económico nacional enajenado», y los vinculados a la necesidad de una política exterior con contenido nacional y latinoamericano, «pero definen la crisis de una manera muy particular: como una crisis del neoliberalismo y particularmente como una crisis del menemismo».
Lo que sectores progresistas evalúan esas apreciaciones como cambios positivos, el dirigente mencionado opina que no y por ello el 23º Congreso propone una visión distinta de la crisis «la crisis del neoliberalismo es integral de la estructura política, social, cultural, ideológica del régimen político del capitalismo argentino y todos sus estratos geológicos, acumulados a lo largo de una historia de capitalismo, que tiene una vida de más de cien años».
Indicó que esta crisis demuestra el fracaso de este sistema en sus distintos modelos, cuyo resultado «es un país en retroceso, con extranjerización de la economía, desindustrialización, pérdida de soberanía, achicamiento del mercado interno, una desocupación que amenaza convertirse en estructural, con pobreza del nivel del cincuenta por ciento de la población e indigencia del veinte por ciento».
Por ello sentencia: «un país cuyo fracaso se expresa en la falta de horizonte en la juventud». Habría dos crisis, «una integral, histórica, abarcativa de todos los aspectos de la sociedad a la que llegó el capitalismo argentino.
A ésta se empalma la de las luchas populares, que pese a sus esfuerzos, extensión geográfica, prolongación en el tiempo, perseverancia y diversidad sectorial, no pudo convertirse en una fuerza política nueva de carácter revolucionario».
Echegaray afirma que «el bloque dominante» está aún en condiciones de salir al cruce de los problemas, encauzarlos y puede » estabilizar un largo ciclo político de una Argentina de dos plantas, de dos velocidades y eso no se puede resolver si no es desde el campo popular».
Especificó el secretario general del PCA que pese al superávit fiscal, crecimiento económico y del PBI, no bajó la pobreza ni la desocupación; por lo que recalcó que luchar contra el doble discurso «es parte de la construcción de la alternativa que requiere lucha y resistencia contra lo que pregona el gobierno».
«Esa resistencia -indicó- debe ser concebida como una argamasa de la construcción de la alternativa, pero hay que darle un centro coordinador para superar el nivel de dispersión que tienen las luchas sociales y económicas».
El dirigente del PCA sostiene que hay que «combatir con ideas el discurso del capitalismo nacional, anacrónico ya que no se puede volver a la etapa del estado de bienestar», recalcó.
«El capitalismo no sólo explota a la clase obrera. El capitalismo transnacional no le respetó a la burguesía los espacios económicos que tenía.
Sin espacios, la burguesía nacional se convirtió en local, incapaz de producir una solución progresista para la crisis, por eso es fundamental en la construcción de la alternativa discutir con este discurso de reconstitución de la burguesía».
La alternativa, sostiene, «no debe ser únicamente de gobierno, y, por lo tanto, no solamente electoral.
Hay que tener la idea de una construcción de alternativa integral, gobierno y poder», por lo que afirmó «debemos construir una contrahegemonía ideológica, política y cultural, acompañada por la creación de la capacidad política organizativa, entendida como fuerza material organizada con capacidad para producir la ruptura revolucionaria, es decir, tomar el gobierno y estar dispuesto a defenderlo de cualquier manera».
A su juicio, «hoy nos enfrentamos a una burguesía debilitada por sus propios patrones y aparece la oportunidad para los sectores de la izquierda siempre que sepamos unirnos, actuar en pluralidad, sin sectarismo, trabajando con amplitud y profundidad».
La crisis del capitalismo habilita debatir el poscapitalismo. «Queremos construir una alternativa política en dirección de que el poscapitalismo tenga una perspectiva socialista», que no repita los errores pasados. *
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