Critican que "los niños serán educados pensando que la homosexualidad es normal"

Católicos argentinos se movilizan contra educación sexual en las escuelas

El proyecto de ley de educación sexual levantó polvareda antes de entrar al recinto del Parlamento de la ciudad, a donde pretenden llevarlo dos peronistas de la corriente del presidente Néstor Kirchner y una representante de Compromiso para el Cambio, el partido centroderechista que lidera el empresario Mauricio Macri.

De aprobarse, se pondría en marcha la obligatoriedad de la educación sexual desde el ciclo inicial (primario) en todas las escuelas de la Capital.

Representantes de distintos credos, particularmente el mayoritario catolicismo, manifestaron su desacuerdo porque temen que sus hijos se acerquen a un tema todavía tabú en muchos sectores de la sociedad de la mano de educadores «demasiado progresistas».

Uno de los puntos que más los irrita es el tema de la homosexualidad, ya que se haría hincapié en la libre elección de la sexualidad, sin discriminar a aquellos que prefieren tener sexo con personas de su mismo sexo.

«Los niños serán educados pensando que la homosexualidad es normal», dijo Rubén Contreras, del Centro Evangélico, en sintonía con el pastor bautista Esteban Borghetti quien apuntó que «no se puede permitir que una minoría tome el control del sistema educativo».

Ambos hicieron estas declaraciones durante una reunión que los legisladores mantuvieron el viernes con representantes de distintos cultos religiosos.

La reunión, que se desarrolló simultáneamente con una protesta callejera que reunió a un centenar de personas, terminó en escándalo, cuando la oficialista Ana María Suppa calificó de «casi fascistas» las expresiones de los religiosos y amenazó con denunciarlos ante el Instituto Nacional contra la Discriminación.

Ante sus palabras, los autores de las declaraciones y 14 representantes de otras organizaciones no gubernamentales confesionales abandonaron el lugar.

Al día siguiente, advertencias parecidas se escucharon en una reunión que el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, mantuvo con un millar de padres en uno de los colegios católicos más tradicionales de Buenos Aires.

En su intervención, el representante de la Iglesia animó a los padres a «apostar a la vida desde el origen y no a la muerte de inocentes, a decir sí a los valores religiosos y no a las nuevas formas de censura que impone el ateísmo práctico y militante».

El cardenal hizo alusión al proyecto de ley señalando que «existe un grupo de gente progresista que propone una norma más fascista que la que podría imaginar (Joseph) Goebbels», el responsable de la propaganda del régimen de Adolf Hitler.

«Hay que atreverse a decir no a la educación impuesta por el Estado o un grupo minoritario.

Debemos apostar por nuestros hijos y no a que nos los roben.

De eso somos responsables nosotros: a la cría la defienden los padres», subarayó el arzobispo.

No es la primera vez que la Legislatura porteña se enfrenta a la Iglesia, ya que una situación semejante sucedió en diciembre de 2002, cuando aprobó la legalización de la unión civil entre personas del mismo sexo.

La norma, reglamentada en mayo de 2003 por el jefe de Gobierno Aníbal Ibarra (centroizquierda), transformó a Buenos Aires en la primera ciudad de América latina que igualó los derechos de las parejas homosexuales a las heterosexuales.

Los legisladores que presentaron el proyecto de ley, lo justificaron en el preocupante incremento de embarazos adolescentes y abortos clandestinos, en un país en el que la Iglesia mantiene su férrea oposición a la interrupción de los embarazos no deseados. *

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