Kirchner tiene coincidencias y diferencias con el peronismo
Que no hay horizontes turbios lo da el respaldo que Eduardo Duhalde le dio al Presidente en el mitin de la CGT, un acto con más simbolismos que trabajadores. Pero una cosa no quita la otra y las diferencias están.
En algún momento debía ocurrir: si es posible que en el justicialismo se pueda activar su interna es porque no ven moros en la costa. No piensan que sus posiciones puedan debilitarse, tanto porque algunos asuntos fuertes como la deuda externa cada día recibe mejores signos de una salida dentro de las predicciones del ministro de Economía, Roberto Lavagna, pero también por la dificultades que tiene el espacio opositor, que de ningún modo es homogéneo, para proponer mejores virtudes que el oficialismo.
El hombre fuerte del peronismo histórico, Duhalde, parece anticiparse a esos entreveros. Pidió que los militares fueran convocados para combatir la inseguridad, un espanto para millones de argentinos, como manera de diferenciarse de Kirchner que abomina de utilizarlos. Pero también para congraciarse con el estado de susto de mucha gente.
En un momento delicado en materia de seguridad, no solamente por los varios casos de secuestros extorsivos que cuestionan no solo al gobierno de la provincia de Buenos Aires y a su ministro de Seguridad, León Arslanián, sino al propio Kirchner, invitar quebrar normas legales es enviar una señal perturbadora a la sociedad.
Es difícil desentrañar la sustancia del reclamo, tan parecido al que el Pentágono formula, no para el caso argentino, sino como tareas para las FFAA latinoamericanas, asunto que pronto se volverá a discutir en un foro importante de los ministros de Defensa del hemisferio.
Lo llamativo es que el ex mandatario, que tiene un diálogo muy fluido con Lula, utilice el argumento que en Brasil se procede manu militare contra el delito cuando solo ocurrió hace poco por decisión presidencial, el único que puede autorizarlo, en un caso puntual de narcotráfico.
Y así ocurrió porque Brasil no tiene ni Gendarmería ni algo parecido a la Prefectura Marítima, que son dos fuerzas de seguridad de mayor intensidad, digamos, que la Policía Federal o las provinciales, que es el poder de fuego que la ley permite para la seguridad interna. Y su presencia hoy es muy fuerte sobre todo en el Gran Buenos Aires.
De refilón contemos que ese coto cerrado que es Puerto Madero, el barrio porteño más chic donde el metro cuadrado para un departamento ronda los dos mil dólares y el uso de Rolex de oro parece una provocación que ninguno de sus poseedores se animaría a mostrarlos siquiera en Santa Fe con Callao, tiene al menos dos prefectos por calle, amén de estar bloqueadas todas sus salidas.
Duhalde y la CGT
Se entenderán mejor en otro momento el sentido del reclamo formulado tras una visita a Colombia. Lo real es que incluso amigos de Duhalde en el gabinete nacional lo descalificaron y no viene por ese lado una serie de medidas con que Kirchner supone doblegar a las bandas de secuestradores, convencido que los mueven amen del móvil delictivo, objetivos políticos.
Otro mensaje de la interna fue la digitación en manos de Duhalde de los candidatos para la conducción del partido justicialista bonaerense del cual él será su titular. Excepto un anciano cacique de Lanús, el resto ratifica todo lo que desde fuera del peronismo se le critica como mañosos (por decir algo liviano) y donde apenas figurarán amigos del gobernador Felipe Solá, aliado inestable del Presidente.
Duhalde se ha desdicho de sus propias promesas de no regresar a la política menuda. Y el gobernador Solá sabe como no le cumplió a él con los compromisos de igualar el poder de representación partidaria
Digamos, salvo algún nombre especial, es la confirmación de la ortodoxia. Con esa realidad, se deberá manejar Kirchner en momentos de definir las personas que irán, por el distrito, al Parlamento, entre ellos, dos senadores nacionales.
Ningún partido zafa de los formalismos y los gestos. El santoral peronista es rico y ocasión de definiciones cuando cae alguna fecha sentida: muerte de Perón o Eva o el 17 de octubre de 1945, acta liminar, Día de la Lealtad. El viernes la CGT unificada, bajo el lema «trabajadores únanse» (no confundir con ese final del Manifiesto Comunista: Trabajadores de todos los países, uníos) y con la bendición de Duhalde blanqueó intenciones de poder y lanzó mensaje claros, que la representación sindical les pertenece.
Aclaremos: es parte del forcejeo global, no solo el de la interna justicialista, aunque de ella hay bastante, además. Tironeo por quien habla en nombre de los trabajadores en tiempos de decadencia de la representatividad de los gremios no solo los que llevan la marca peronista. Sin el Estado sobrevivió ese gremialismo en alianza con clasistas o diversas vetas reformistas después del golpe de 1955. Pero pronto recuperaron en favor estatal, aun en tiempo de uniformados: la amplitud del movimiento es tal, que al lado de los colaboracionistas que «salvaron al sistema» hubo miles de víctimas de la represión.
El difícil equilibrio
Kirchner no quiso ir al mitin ni tampoco le dio a la CGT el anuncio de que habrá mejoras salariales vía incremento de los subsidios familiares. Las partes se necesitan mutuamente y los gremialistas tragan bronca con esos desdenes. O cuando el Presidente hace que mira hacia la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), aunque no mucho. No son épocas de arrebatos: hoy la popularidad de Kirchner está nuevamente en ascenso.
Si el mitin de la CGT y varios gestos de Duhalde son para asentar la ortodoxia, Kirchner no las desconoce pero busca desprenderse de mayores compromisos. Tampoco apuesta todo a desbancarlos con el kirchenerismo que hizo su acto, en el Luna Park, de colatura setentista estos es reivindicando con adaptaciones, las viejas banderas antimperialistas que ahora ejemplifican en el espacio que viene desde Fidel, pasa por Chávez y Lula y llega al Presidente.
Estas intenciones atrae a desperdigados de la izquierda histórica y se vio a muchos de ellos por las tribunas del estadio de box y espectáculos. Pero es criticado por otros, incluso algunos simpatizantes del Presidente han dicho que lo visto fue «patético» por la vocinglería de algunos oradores. Es una percepción epidérmica, porque si el acto pudo provocar interés en izquierdistas sueltos y mirado con temor por la ortodoxia, algo quiere decir.
Con algo de filósofo zen, a esta Mesa Nacional por el Cambio, el Presidente hace como que no tiene gran fervor en sus objetivos, que son cosas del diputado Miguel Bonasso o del piquetero Luis D’Elía, que no piensa que sea uno de los senderos hacia en el universo de la transversalidad meditado en algún momento y ahora todavía en estado de hibernación.
De proponérselo Kirchner en serio, ese espacio daría para más con alcaldes de grandes ciudades, cuadros que fueron parte del Frente Grande de Carlos «Chacho» Alvarez, lúcido observador, progresistas de distintos orígenes y no pocas novedades de organizaciones no gubernamentales que pululan, lejos de los partidos clásicos.
Por ahora y pese a los entreveros, Kirchner apuesta a renovar el partido justicialista. Ahora bien si las cosas van camino a su fortalecimiento político, los no justicialistas podrán aportar para algún instrumento electoral sea menester en caso que Duhalde se emperre en digitar los candidatos de las legislativas como hizo con la interna bonaerense.
Nuevos vientos en la Corte
Kirchner acaba de firmar su propuesta para que integre la Corte Suprema de Justicia un abogado de prestigio de la provincia de Santa Fe: Ricardo Lorenzetti. El cuerpo tiene nueve miembros, y en un momento cinco de ellos, respondía a Carlos Menem. De ellos, solo su
pervive el juez Antonio Bogiano, con fuertes vínculos con la Iglesia: ¿llegó su final?. La lógica diría que sí, pero la política parece desmentirla. Un pedido de juicio político contra el magistrado por las mismas causales que fueron acusados sus otros cuatro ex compañeros, esta frenado tanto por el ministro de economía como por el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
¿Razones? No sólo sus vínculos con el Opus o el Vaticano, que no parece ser lo esencial, sino que Bogiano frenó en tiempos de Duhalde todavía, una acordada contra la pesificación de la economía, la pieza maestra para salir de la convertibilidad. Como al alto tribunal aún debe expedirse sobre la pesificación, en el gobierno no saben si pueden contar con apoyo suficiente en un asunto donde Bogiano ya dio muestras de cual es su postura.
Ya hay tres nuevos integrantes, dos plenos y una abogada con acuerdo del Senado lo hará próximamente, pero esos cambios han cambiado la cara a la Corte que da muestras de independencia, una garantía.
La semana pasada dio una acordada abriendo el camino para que sean indemnizadas las personas que debieron ir al exilio, perseguidas por la dictadura. La prensa derechista puso el grito en el cielo porque las reparaciones, para acaso 20 mil personas, le costará caro al erario público.
Curioso: cuando los bancos reclaman resarcimiento, esos sectores salen a respaldarlos, sin importarles cuanto dinero le quitan a la economía real y a las personas concretas. No será siquiera el caso: reparación pueden ser muchas cosas, no solo plata y una ley lo precisará.
No es la primera decisión de reparación de los supremos. Lo han hecho hace poco respecto de las indemnizaciones vergonzosas que la ley sobre accidentes de trabajo dejaba desprotegidos a los trabajadores.
Tanta independencia de criterio asusta incluso a sectores oficialistas. Quisieran que haya mayor diálogo, que la realidad no deje a la Corte afuera, que consulte, que cambie criterios, demandan.
Si de fortalecer instituciones se trata, lo más sabio es dejar que la vida vaya colocando las cosas en su lugar y se continúe apostando a que el más alto tribunal brinde justicia donde se la ha birlado. *
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