Faluya sigue rodeada por las tropas de EEUU
Varias bombas artesanales explotaron cerca de cinco iglesias de la capital iraquí, ocasionando importantes daños en los edificios. Uno de ellos quedó totalmente destruido por el fuego, aunque no hubo víctimas. Un poco más tarde, un obús de mortero cayó en el estacionamiento de un hotel situado frente a la iglesia anglicana de San Jorge, sin causar víctimas. Poco después explotó otro obús cerca de un hospital situado en las inmediaciones, matando a una persona e hiriendo a otras nueve. Estos ataques, que coinciden con el inicio del Ramadán, el mes de ayuno musulmán, preocupan a la pequeña minoría cristiana -unas 700.000 personas, cerca del 3% de los 24 millones de iraquíes- que ya fue blanco de otros seis atentados el 1 de agosto pasado en Bagdad y Mosul, en los que murieron 10 personas y 50 resultaron heridas. «Si el gobierno es impotente ¿qué podemos hacer?», se preguntó monseñor Emmanuel Delly, el patriarca caldeo, resumiendo la frustración de su comunidad, que se ha negado a jugar el juego de la disensión.
«Somos todos iraquíes y en tanto que tales, sufrimos cuando ciudades (musulmanas) como Faluya, Samarra y Nayaf son bombardeadas. Cristianos y musulmanes vivimos en un mismo país desde hace centenares de años sin discriminación», dijo Hekmat Batti, un ingeniero cristiano. *
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