Kerry también ganó el tercer round
Si los debates televisivos definieran el resultado electoral del 2 de noviembre, Kerry derrotaría las pretensiones reeleccionistas de Bush. Quien haya visto las tres comparecencias difícilmente podrá disentir de que, como señalan las encuestas, el challenger ganó claramente la primera, con menos ventaja la segunda y se consolidó en la tercera de Tempe, Arizona, el miércoles 13, en la cual quien apareció con temple y estatura de presidente fue él. En esta última, las críticas incisivas a aspectos esenciales de la política de Bush quedaron muy claras. Habrá que ver si la percepción es la misma para la mayoría de los votantes estadounidenses.
Temas de confrontación
Sobre el tema recurrente de la guerra de Irak, se destacó una frase concentrada de Kerry que define las posiciones: «Este presidente, lamentablemente, nos apuró a ir a la guerra, tomó decisiones de política exterior que alejaron las alianzas y como resultado Estados Unidos lleva esta carga extraordinaria y no estamos tan seguros como deberíamos estarlo». Dijo también que EEUU debe tener legitimidad en el mundo. En este aspecto el triunfalismo inicial de Bush se eclipsó. Ese mismo día en Falluja se libraba una verdadera guerra, con masacre de la población civil y bajas de efectivos norteamericanos, que pugnan por reocupar una ciudad rebelde que en su hora expulsó a las tropas de ocupación.
En el plano interior, Kerry se dirigió a los trabajadores, a las capas medias, a las mujeres, a los hispanos e inmigrantes. Algunas de sus denuncias dieron de lleno en el blanco. Bush se vio acorralado cuando su oponente demostró la pérdida de 1,6 millones de puestos de trabajo en este período y a la vez los beneficios en exenciones impositivas a la gente más rica. El primer aspecto había cobrado relevancia por las declaraciones formuladas horas antes por el secretario del Tesoro, John Snow, según el cual la pérdida de empleos era «un mito». Bush no lo pudo rebatir. Tampoco pudo hacerlo cuando Kerry aseveró que cinco millones de personas perdieron su cobertura de salud, que se recortaron los programas escolares y las becas para la enseñanza. O que en Nueva York el 50% de los negros están desocupados. Kerry propuso un aumento del salario básico, así como la equiparación de los salarios de las mujeres con los de los hombres.
Bush se batió a la defensiva. Cuando se reiteró que había transformado un superávit de 236 mil millones de dólares en un gigantesco déficit de 415 mil millones, replicó que era la herencia de Clinton. Cuando se planteó la falta de vacunas para la gripe, sugirió que los mayores no se vacunaran. Cuando se afirmó que era posible importar medicinas baratas de Canadá y el gobierno lo había bloqueado, no dijo nada.
La callada por respuesta
Un analista sostuvo que Bush adoptó en varios casos la técnica de Cheney frente a Edwards, consistente en no responder las acusaciones que se le formularon (como respecto a Halliburton). En otros fue visible una nítida confrontación. Por ejemplo en el tema de la seguridad social, que se está quedando sin fondos. Bush sugirió medidas de privatización del sistema. Kerry replicó que eso equivalía a «una invitación al desastre», que él no privatizaría el sistema, y a la vez expresó su desacuerdo con las propuestas del secretario de la Reserva Federal, Alan Greenspan, de reducir las prestaciones y elevar la edad de retiro. Otro caso. Sobre las armas de asalto, Bush se lavó las manos diciendo que el Congreso no había prorrogado la prohibición de venta de esas armas, que la gente tiene derecho a protegerse y que había que endurecer las leyes que penan a quienes delinquen con ellas.. Kerry replicó que fue un grave error no haber prorrogado la prohibición, que debía impedirse la venta de AK-7, que los terroristas pueden venir a EEUU y comprar dichas armas y que él bregaría como hizo Clinton por su prohibición.
Sobre el aborto Bush expuso una posición negativa de corte fundamentalista, mientras Kerry, tras una profesión de fe católica, dijo que «es una elección entre una mujer, Dios y su doctor, y yo lo apoyo». Sobre los homosexuales, Bush invocó «la santidad del matrimonio» mientras Kerry opinó que «no podemos discriminar» y se mostró favorable al derecho de adopción.
Cuando se le preguntó a quién consultó al lanzar la guerra contra Irak, Bush aludió a una suerte de inspiración divina, diciendo que él oraba mucho, que las plegarias lo ayudan y cumplía la máxima de amar al prójimo como a sí mismo. Quizá algunos le creyeron.
Tres semanas
Entre el último debate y las elecciones hay tres semanas, en que puede pasar de todo. Ya está pasando, mejor dicho. Se lanzó la campaña sucia contra Kerry, y es previsible que en estos días se incremente. Como se ve, en todas partes se cuecen habas. *
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