El rey presidió polémico desfile del 12 de octubre
Unos 3.500 militares del Ejército de Tierra y Aire, de la Armada, la Legión y la Guardia Civil, a pie, o en 92 aviones y 300 vehículos motorizados, recorrieron un tramo del madrileño Paseo de la Castellana, a la altura de la Plaza de Colón, donde se levanta una estatua del navegante genovés que el 12 de octubre de 1492 avistó el nuevo mundo y donde flamea una bandera española de 300 m2.
Unos 50 soldados de Perú, Ecuador, República Dominicana, Colombia y Argentina presenciaron el desfile del Día de la Hispanidad, el primero tras la llegada al poder, en abril pasado, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
En una mañana otoñal, el rey Juan Carlos, junto a la reina Sofía y el resto de su familia, presidió el desfile al que se acercaron varios miles de personas que en medio de aplausos y vivas al paso de los uniformados, en especial la legión y la guardia civil, ondeaban banderitas rojigualdas.
El príncipe Felipe de Borbón, heredero de la corona, capitán de corbeta de la armada y comandante de la fuerza aérea y del ejército estaba acompañado por su esposa, la princesa de Asturias, Letizia Ortiz.
El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañó a los soberanos en el palco oficial. Ministros, autoridades del Congreso y el Senado, de la ciudad de Madrid y los presidentes de las regiones autónomas, excepto el más notorio, el jefe del Ejecutivo vasco Juan José Ibarretxe, asistieron a la parada militar envuelta, este año, en una viva polémica.
La participación en el desfile de un veterano español que perteneció a la franquista División Azul -que combatió junto a las tropas alemanas contra los rusos en la Segunda Guerra Mundial- junto a un veterano republicano que participó en la liberación de París -el 24 de agosto de 1944- en el seno de la División Leclerc, puso el dedo en la llaga.
Grupos de republicanos, exiliados y familiares de «represaliados» del franquismo y partidos de izquierda calificaron de «ofensa», «insulto» y «humillación» la decisión del ministro de Defensa, José Bono, que ayer martes siguió insistiendo en que su objetivo es demostrar que «la paz y la concordia entre los españoles queda garantizada».
«Si echamos de España a los que estuvieron en la División Azul, a los que un día dijeron ‘viva Franco’, a los que tuvieron camisa azul… se quedan cuatro», sostuvo Bono -que se reivindica como hijo de un franquista- en declaraciones a la radio privada Cadena Ser.
Como parte del homenaje a la División Leclerc desfiló un destacamento de la II División Acorazada francesa y junto a la bandera española, flamearon la de Francia y la de Italia, país junto al cual España integra una fuerza anfibia.
En cambio no estuvo presente la bandera de Estados Unidos ni marines de ese país, como en los desfiles militares de 2002 y 2003, durante el gobierno conservador de José María Aznar, fiel aliado de Washington en la guerra de Irak.
El embajador de Estados Unidos tampoco asistió a la recepción ofrecida por los reyes en el Palacio Real, indicó la Cadena Ser.
Familiares de víctimas de ETA, de los militares que murieron en 2003 al estrellarse un avión Yakolev 42, de periodistas españoles muertos en conflictos armados y de las víctimas de los atentados del 11 de marzo en Madrid, presenciaron el momento en que el Rey depositó una corona de laurel en memoria de quienes dieron su vida por España. *
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