Aniversario del 17 de octubre, fasto peronista

Kirchner frente a dos movilizaciones distintas

Fecha fundacional, va de suyo que en el santoral peronista es ocasión para dirimir posiciones. Vamos a ver qué dice Néstor Kirchner, que sin duda, es de ese palo político, pero que ha buscado mantener cierta distancia con el folclore partidario, y exhibirse como más amplio. Es que hoy, por caso, en el Luna Park, un estadio que si se llena no hace pasar papelón a nadie, la jornada Día de la Lealtad será recordada a su manera por un espacio transversal, es decir de kirchneristas que desde distintos orígenes, incluso el propio justicialismo, han sellado un convenio de acción conjunta.

Están allí vertientes políticas, con liderazgos fuertes de hombres del Presidente en el gabinete nacional, como el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. O con presencia en la Cámara baja como el diputado Miguel Bonasso. Y más aún, en el movimiento social donde descolla Luis D’Elía, líder del Movimiento de Trabajo y Vivienda, que es a la vez legislador en la provincia de Buenos Aires.

Por ahí andan vetas de prosapia marxista, como los que vienen del Partido Comunista Congreso Extraordinario, de la Corriente Patria Libre, pro guevaristas y otros sectores más.

La ocasión del fasto tradicional no es casual para que se reúnan pero el mensaje que quieren dar es que con Kirchner se ha abierto un nuevo episodio de la ajetreada vida argentina, que concreta, en las condiciones reales, las aspiraciones del estallido social de diciembre de 2001, cuando irrumpió el «que se vayan todos», que en la lectura de la izquierda tuvo característica pre revolucionarias y en los pro kirchneristas un momento de irrupción de masas en favor de cambios.

El sindicalismo ortodoxo

La Confederación General del Trabajo hará su mitin con aires de tradición histórica, pero el viernes. Como el 17 es domingo, un día difícil para movilizar adictos, han alquilado las instalaciones del club Atlanta, en el barrio de Villa Crespo, donde si ponen 20.000 personas, se dan por hecho.

Este acto tiene la intención de restablecer la hegemonía del peronismo heredero del 45, o sea, el de Perón, con la impronta de equilibrio de clases y nada de recibir a ajenos, «zurdos» abstenerse, es lo que quieren proclamar.

Los jerarcas sindicales que andan juntos desde hace poco y dirigidos por un triunvirato con matices, para esto de bajar línea ortodoxa, son un solo corazón. Han invitado, como sus rivales transversales, al Presidente pero también, los otros no, a Eduardo Duhalde, con quien comulgan mucho más que con Kirchner, pero, qué se le va hacer, éste ocupa el sillón presidencial.

La voz de la CGT es de unidad de la clase trabajadora, pero bajo su férula. Una manera de diferenciar posturas, ya que Kirchner le quiere dejar un espacio a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), no mucho, pero lo suficiente como para que los antiguos jerarcas conozcan sus limitaciones.

Al menos con él. El gremialismo ortodoxo va por más. Acaba de reorganizar las «62 Organizaciones» que ha sido desde los años 50, la columna fundamental del peronismo, la que en tiempos difíciles, bajaba línea, fuera acordada con Perón exiliado o de tinte propio.

Quieren los de las 62 recobrar el tercio de candidatos para las legislativas del año que viene, algo difícil. Pero será un reclamo que pesará en el momento de decidir los nombres de quienes representaran al peronismo en una elección que sino es crucial, será clave para el futuro de Kirchner. *

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