Lobbies y política en EEUU
Los grupos de presión (lobbies) ocupan en Washington un lugar tan importante como la cúpula del Capitolio, trabajando codo a codo con los congresistas en todos los asuntos políticos, aun a riesgo de cometer excesos, de los cuales solamente los más flagrantes toman estado público.
El último en el tiempo: la comisión de Etica de la Cámara de Representantes amonestó en dos oportunidades desde fines de setiembre al líder del Partido Republicano, Tom DeLay, por haber recibido 56.500 dólares de una empresa de electricidad a cambio de «un lugar en la mesa» de negociaciones sobre la reforma de la política energética.
Días antes, DeLay, cercano al presidente George W. Bush, había participado en un torneo de golf organizado por la misma empresa de Kansas, Westar Energy, cuyos beneficios fueron directamente a los comités de campaña de este congresista, porque estaba «en condiciones de influir significativamente en el debate» sobre la energía, subraya la comisión de Etica.
Lejos de constituir una excepción, la influencia de grupos de presión está firmemente demostrada, como indica la investigación que durante casi cinco meses realizó el centro de análisis American Public Media sobre los viajes de los congresistas financiados por empresas privadas, a fin de evadir una ley de 1995 que prohibe los obsequios en metálico de más de 50 dólares.
En julio de 2000, el republicano de Virginia Tom Billey y su esposa abordaban el Concorde con rumbo a Londres, donde se albergaron en el hotel Savoy a orillas del Támesis, antes de asistir a la final del torneo de Wimbledon.
Costo total del viaje de cuatro días: 31.000 dólares, del que se hizo cargo en su totalidad Brown and Williamson Tobacco, fabricante de los famosos cigarrillos Lucky Strike.
Hoy Billey dirige el principal lobby de la industria tabacalera. *
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