Gran Bretaña está conmocionada por la muerte del rehén

Rumsfeld habla de enviar más soldados a Irak

Después de tres semanas de espera, la noticia de la muerte del ingeniero británico Kenneth Bigley sumió a sus familiares y al país en una profunda conmoción.

«Ninguna palabra puede expresar el martirio que sufro desde la muerte de mi marido», declaró Sombat Bigley en Bangkok, donde reside.

Bigley, secuestrado el pasado 16 setiembre en Bagdad, estaba retenido por el grupo del islamita jordano Abu Mussab al-Zarqaui. Según un video recibido por Abu Dhabi TV, fue decapitado, como lo habían sido sus colegas estadounidenses capturados al mismo tiempo que él, tras ser «condenado a muerte» por un grupo de hombres armados y enmascarados.

Liverpool, su ciudad natal del noroeste de Inglaterra, guardó dos minutos de silencio y las campanas de sus iglesias repiquetearon 62 veces, para marcar sus 62 años. Las muestras de pésame se sucedieron en varias ciudades del país. La prensa británica fue unánime a la hora de rechazar las acusaciones contra el primer ministro Tony Blair reprochándole no haber hecho lo suficiente para salvar la vida del rehén, pero destacó que su muerte constituía un revés para él.

También especuló sobre una posible evasión de Bigley antes de su muerte, como anunciaron las cadenas de televisión BBC y Sky News, pero el Foreign Office se negó a confirmarla.

La embajada de Gran Bretaña en Irak intentaba ayer sábado recuperar su cadáver, cuyo asesinato pone en un compromiso al gobierno iraquí de Iyad Allawi.

Para compensar este revés, el gobierno iraquí contaba ayer sábado con un acuerdo alcanzado con el movimiento del jefe radical chiíta Moqtada Sadr, que ha aceptado entregar sus armas y poner fin a los ataques contra las fuerzas estadounidenses a cambio de que sean liberados los detenidos y sus miembros puedan acogerse a una amnistía.

Este acuerdo, confirmado por un responsable de la corriente en Sadr City, el gran barrio chiíta de la capital, será puesto a prueba sobre el terreno, dijo un portavoz del ministerio del Interior, Sabah Kadhim.

Para impedir que la violencia arruine las elecciones previstas en enero de 2005, Estados Unidos intenta encontrar países dispuestos a enviar soldados a Irak, declaró Rumsfeld en Bahrein.

A la pregunta de si Estados Unidos enviará más soldados a Irak, respondió: «Si es apropiado y necesario, obviamente tendría sentido. Pero si otros países vienen (a Irak) y asumen parte de esta responsabilidad, no será necesario».

Entretanto continúa la violencia.

Tres civiles iraquíes murieron al ser alcanzados por un disparo de mortero en Bagdad, anunció un portavoz militar.

Dos civiles murieron al verse atrapados en un tiroteo entre hombres armados y marines estadounidenses en los alrededores de Ramadi, según fuentes médicas de esa ciudad situada al oeste de Bagdad.

Otro civil falleció al estallar una bomba casera destinada al parecer a un convoy de marines en Ramadi, añadieron las fuentes.

Cerca de Baiji, en el norte de Irak, fue secuestrado un camionero turco, según un oficial de la policía de Tikrit.

Por último, el anuncio de la muerte del ex viceprimer ministro iraquí Tarik Aziz en la cárcel, realizado por una televisión árabe, fue desmentido inmediatamente por el ejército estadounidense, el gobierno iraquí y su propio hijo. *

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