Por su política contra la impunidad en Argentina

Nueva crítica de la Iglesia al presidente Kirchner

Es que en el climax de la peregrinación anual al santuario católico de Luján, que dicen marcharon cerca de un millón de fieles, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, recordó que los argentinos quieren ser «un solo pueblo, una familia, y que para eso no necesitan de ninguna ideología revanchista que pretenda redimirlos». Algunos analistas interpretaron como un mensaje dirigido a la clase política en general y a la administración actual en particular.

Para el experto en temas religiosos de «Clarín», lo dicho es un mensaje para «aquellos que quieren que se reabran las causas judiciales por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. O que buscan una recordación unilateral de la violencia política de los setenta». También el experto de ese diario, Sergio Rubín, cuenta que en medios religiosos se relacionaban lo dicho por Bergoglio con lo que la Iglesia critica en cuanto imponga a los establecimientos confesionales lo referente a la educación sexual. O la aceptación de casamientos entre homosexuales y la posibilidad de que puedan adoptar criaturas.

Parecía que las relaciones Gobierno- Iglesia había encontrado un cause luego de que a comienzos del mes último en un encuentro que, tanto desde la Casa Rosada como desde la Iglesia se evaluó como positivo, «como el punto final a una serie de desavenencias que parecían distanciarlos insalvablemente y que se caracterizaban por los constantes llamados de atención desde la Iglesia respecto de los laberintos y espejismos de la política», al decir de La Nación.

Quizás para evitar un nuevo señalamiento público de parte del presidente Kirchner, que suele ser expresado en fuerte tono, «es que desde el arzobispado de Buenos Aires se insistía en dejar en claro que las palabras de Bergoglio debían tomarse sólo como un mensaje hacia la juventud», contemporiza La Nación.

Es que antes del acercamiento mencionado había ocurrido un entredicho entre Kirchner con el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, cuando el prelado advirtió que la situación social «se ha crispado excesivamente». Enojado, el Presidente cuestionó a Aguer. Habló de «la hipocresía de algunos pastores» y descalificó al prelado por haber sido el «fiador de un financista que estuvo preso», en directa alusión al ex banquero Francisco Trusso.

No es la primera vez que Bergoglio envía mensajes envenenados. Durante el tradicional Tedeum de las fechas patrias había exhortado a la dirigencia política a dejar de lado «las luchas internas, la ambición compulsiva y las componendas de poder que absorben las instituciones».

Entonces como ahora el oficialismo opta por apelar a la estrategia del hermetismo ante aquellos temas que resultan críticos hacia su administración. *

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