Cuatro discursos y las visiones del mundo actual
En poco más de veinticuatro horas, cuatro discursos han puesto de relevancia el amplio contraste de visiones que analizan el mundo actual, la coyuntura de los Estados Unidos, y el papel de España.
John Kerry soltó las primeras salvas en una presentación en la Universidad de Nueva York que debe calificarse como histórica, tanto si gana como si pierde en noviembre. El ex Presidente español José María Aznar hizo su primera aparición como conferenciante en la Universidad de Georgetown, indisputablemente la mejor universidad jesuita del planeta. George W. Bush y José Luis Zapatero se dirigieron, por separado y evitándose, a la Asamblea de las Naciones Unidas.
Kerry, en la recta final de su campaña, decidió sacarse los guantes, dejar de lado la ambigüedad y jugarse el todo por el todo, declarando que la guerra de Irak fue una equivocación, y sobretodo la ocupación un desastre, y que Bush ha trocado la deposición y arresto de Saddam Hussein por el caos y la trágica confusión. Además, acusó a Bush de haber mentido al pueblo norteamericano acerca de los dos argumentos centrales para justificar la aventura de Iraq: la existencia de las armas de destrucción masiva y la conexión del régimen iraquí con Osama bin Laden. Espetó también al presidente haber dilapidado el gran capital de apoyo mundial tras los atentados.
Más que a sus fieles, que lo aplaudieron a rabiar, Kerry trató de atraer la atención de los indecisos y de los que inexorablemente votarán a Bush. El candidato demócrata pensó más en la época después de las elecciones que antes de los comicios. Quiso dejar constancia, a los que respaldarán al actual presidente, que ya lo había advertido: la situación empeorará y que entonces no le vengan a protestar. Fue también un guiño indirecto a los que en 2005 colocarán adhesivos en los parachoques traseros de los coches, similares a los de 1993: «No me culpes: yo voté por Bush (padre)». Son los que entonces encajaron mal el triunfo de Clinton. Si gana Bush (hijo), los stickers reclamarán: «No me culpes: yo voté por Kerry».
Aunque conserva el comprensible orgullo (muchas veces elevado a arrogancia) básico de todo norteamericano herido por el 11 de setiembre, el discurso de Kerry encaja con la reclamación de Zapatero en Naciones Unidas para construir una «alianza de civilizaciones». Ambos reconocen que la única solución pasa por la cooperación sólida internacional en la lucha contra el terrorismo y sobretodo para extirpar algunas de las raíces (pobreza, aislamiento, exclusión) que lo convierten en atractiva alternativa: «La simiente del mal se malogra cuando cae en la tierra de la libertad y el bienestar, pero puede arraigar si cae en la tierra de la injusticia».
Es una buena metáfora que debió sonar a canto celestial en los oídos de Bush, todavía irritado por las declaraciones de Zapatero en Túnez, cuando recomendó al resto del mundo que siguiera el ejemplo de España. Lo que se pudo interpretar de dos maneras (seguir el ejemplo de las protestas masivas españolas contra la guerra; seguir el modelo de la retirada de las tropas), se mantiene en plena vigencia, a la vista de los resultados. No solamente Iraq es más inseguro y se halla al borde de la desintegración, sino todo el planeta está inmerso en un estado precario y temeroso, en gran parte debido a la inseguridad creada por la aventura iraquí.
Nada tiene de extrañar, por lo tanto, que Bush optara por el autismo recalcitrante y, sabiendo que no se juega la reelección en la sala de la Asamblea General (entre hostil y aburrida), recriminó al mundo no haberse plegado a la ejecución de la guerra preventiva, ilegal según el propio Secretario General de la ONU. En contraste con Kerry, Bush remachó el mensaje a sus fieles, convencidos de que, «aunque malo», es mejor y más seguro que «el bueno por conocer».
Nada tiene de extrañar, por lo tanto, que Aznar eligiera una senda similar a la de un sector de la opinión norteamericana, que prefiere evitar los temas espinosos y acuciantes, y se introduce en el túnel del tiempo del Vietnam, discutiendo entre galgos y podencos, si las medallas de Kerry fueron merecidas o si Bush se escabulló del servicio militar. Aznar, tenazmente se niega a reconocer lo que sucedió después del 11 de marzo en Madrid: la manipulación de la evidencia y el castigo del electorado. Prefirió, por ejemplo, explicar la amenaza que se cierne sobre España como una repetición de la invasión musulmana de España en el siglo VIII. Las raíces del terrorismo están simplemente en «el odio a la modernidad y a los valores occidentales». La derrota de su Partido Popular en marzo fue una victoria de Bin Laden, quien ahora trata de influir en las elecciones de los Estados Unidos. *
(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
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