Lavagna tiene el aval de Kirchner
Incluso la hipótesis entró en las páginas del Financial Times que funge de serio. Allí se dijo que Lavagna se iba al concluir la negociación de la deuda para presentarse como candidato presidencial en 2005 pero juntó la posibilidad con la intriga de los tenedores de bonos de la que el diario es uno de sus voceros.
Apoyo presidencial es obvio pero nada le fue regalado al ministro que tiene en sus manos imponer en los «mercados» los bonos que emitirá la Argentina en reemplazo del más del centenar que andan por allí por más de 80 mil millones de dólares, si no se computan los intereses caídos desde que se declaró el default sobre ellos.
Primero tuvo que hacer sentir su disgusto por muchas cosas que pasan en el gobierno, incluso cierto desorden administrativo, al blanquear sus diferencias con Julio De Vido, ministro de Planificación Federal, amigo íntimo de Néstor Kirchner y que lleva el estigma de ser el recaudador del Presidente, nadie sabe precisar si eso es real, pero es ya el preferido de los opositores más duros que flamean la bandera de los negociados.
¿Las divergencias? Muchas, en especial cómo se resuelven los nuevos contratos con las empresas de servicios concesionadas donde están planteadas nuevas tarifas que reclaman dueños, el Fondo y el G7, nada menos, e inversiones, sobre todo en energía: la posible escasez de gas y luz en 2005, haría temblar la recuperación económica que en el primer semestre trepó un 9% y la rendija de incrementar el empleo.
En rigor, Lavagna y De Vido nunca se amaron, pero el titular de economía no puso en los diarios el tema para golpear a un amigo del Presidente, desafío imprudente aún en él, hoy un intocable. Quiso que Kirchner no dejara que en eso de las tarifas cualquier cacatúa pudiera poner su mano, que da espacio a corruptelas como se dice en sectores empresariales y diplomáticos, aunque sin precisiones como para ir a los tribunales. O que los créditos destinados a emprendimientos en camino con financiación española o brasileña, tuvieran la seguridad de una ley que impidiera que algún juez local pudiera embargarlos.
Cerca del ministro explican que amen de tarifas, que él es partidario de atender antes que después, las empresas requieren de documentos que digan que seguirán en el negocio, aunque aún resten detalles importantes por acordar en los nuevos contratos.
Es que así pueden recurrir al mercado financiero internacional donde, algunas de ellas dicen no poder pagar deudas adquiridas por sus trabajos en la Argentina y quieren refinanciarlas. Los bancos, se justifican, no renegociarán créditos sin esas garantías, lo que es cierto, tanto que se endeudaron mientras repartieron jugosos dividendos a rolete antes de la debacle de 2001. En concreto: no asumen riesgos.
De Vido tiene posturas más duras en estos temas, pero aun así, Lavagna conoce los límites, no podría empujar a su colega de gabinete al abismo, pero el batuque que armó su infidencia que abandonaba la unidad que renegocia los contratos en rigor buscaba crear las condiciones para que el Presidente arreglara cosas que él demandaba y que nada rozan al hombre de Planificación como era la composición del Directorio del Banco Central.
Precisemos. Al frente de la mamá de todos los bancos estaba Alfonso Prat-Gay, hombre ligado a la banca Morgan por su pasado laboral y que al parecer mantenía vivos. Su mandato provisional caduca el 23 y hubo intrigas sobre si seguía sin acuerdo del Senado o se enviaban los pliegos de él y nuevos miembros para el directorio a la cámara alta.
El hizo lo posible para que se notara al difundir por todos lados que no creía que fuera viable la propuesta de Kirchner – Lavagna sobre la reestructuración de la deuda y por lo que se sabe promovía una propuesta más generosa para los tenedores de bonos.
Había chocado con Lavagna en no pocos temas como en la proyección de la economía, con datos más optimistas que los del ministro y por este interpretado como justificando las demandas por más plata. Pero el corazón de la controversia será en algún momento el papel del Banco Central en el proyecto de reindustrialización que se proponen Kirchner y Lavagna.
Es todo un tema donde se choca con la ortodoxia financiera y por eso poblar de hombres del Presidente, del ministro y transversales el directorio del Central sería la manera de cambiar el rumbo inaugurado por el monetarismo de los años ’90. Queda una duda: si el relevo, Martín Redrado, es el hombre para el cambio por su pasado cercano al neoliberalismo y sus fluidos nexos con el Banco Galicia, pero él y los futuros directores tendrán mandato pleno, no provisional, con que fue «manoseado» el ido.
Redrado es un pragmático, como mostró su paso por la cancillería donde sintonizó rápidamente con lo que Rafael Bielsa pretendía sobre el fortalecimiento del Mercosur, poner freno al ALCA o en la alianza con Brasil en el debate sobre el comercio internacional.
Hay quienes sostienen que si el relevo será para otra política monetaria, cambios que niega Redrado, a la cabeza del Banco Central debió ir la hoy titular del Nación, Felisa Miceli, kirchnerista ciento por ciento.
La rapidez con que Kirchner resolvió la futura conducción del Banco Central, revela que había un plan alternativo que precipitó que Prat-Gay, se fue de boca con sus críticas a Lavagna por el manejo de la deuda externa. Que es lo que quiere el Presidente. No es un dato menor: el Presidente improvisa menos de lo que sus críticos le reprochan.
El Presidente fue claro con gestos fuertes que respalda a Lavagna, lo pone a tono con la tarea que se viene y que es convencer a los tenedores de bonos que la propuesta es buena.
Si se escucha al oficialismo, pareciera que el viento comenzó a soplar a favor y no se sabe a ciencia cierta porque hay alguna carta oculta (lo que se niega, y se comprende que así sea) o porque hay informes que así lo indican. Es decir, que una mayoría de bonistas aceptará y un pequeño residuo irá a los tribunales.
El ministro de Economía puso casi toda su impronta, aunque De Vido logro bastante, en lo que se piensa como país en el presupuesto de gastos para el año que se avecina. En lo formal, el proyecto no se sale del 3% prometido como superávit destinado a la deuda, pero si se añaden puntos provenientes de las provincias, en rigor se trataría del 3,2% y de una economía más fuerte que hace un año. Es mucho dinero y mucho más va además para otros pagos al exterior, FMI incluso, y será blanco de críticas.
¿Hay pininos de otro modelo de crecimiento?. Si se toma en cuenta los recursos que irán para obras públicas e infraestructura, así como para educación o investigación, hay novedades. Pero es amarrete respecto de los salarios y mantiene el criterio clientelista de los planes de subsidios a los desempleados.
De Vido es también blanco de ataques por ser el motor de la Empresa Nacional de Energía (ENARSA) llamada a cumplir el papel de testigo de ese mundo tan sensible y con proyecciones para entenderse en emprendimientos conjuntos con la venezolana PDVESA y la brasileña Petrobras,
Que la derecha o la ortodoxia repudie cualquier atisbo estatal regulador está en la naturaleza de las cosas, pero la iniciativa es objetada por gran parte del espacio progresista y vale la pensa detenerse en este tema que puede convertirse en tormentoso en el futuro.
La iniciativa ya tiene aprobación del Senado pero en Diputados encontró objeción que la disciplina peronista disipará. Hay que recordar que esa misma bancada con el mismo entusiasmo y encuadramiento respaldó la privatización de YPF. Hoy casi todo, excepto la plataforma marítima, está en manos de Repsol, Petrobras y varias menore
s.
Hombres como Aldo Ferrer, economista de trayectoria, será miembro del directorio de la empresa a formarse y eso da motivos para mirarla de una manera diferente a sus objetores. Pero surge un conflicto de fondo: que lo que iba a ser una Sociedad Anónima Estatal será una Sociedad Anónima. Para muchos este cambio es inaceptable aunque en los hechos, al menos de arranque, el Estado tendrá mayoría. Pero dado que será una Sociedad Anónima simple su status legal será el mismo al de cualquier otra empresa privada y no tendrá que someterse al control de la Auditoría General de la Nación y la Sindicatura General de la Nación (Sigen). Para el Gobierno ya que la empresa cotizará en Bolsa es suficiente control. Además, afirmó que la Sigen auditará el desempeño de los representantes del Estado en el Directorio, aunque no controlará a la empresa en sí. El argumento, no convence. *
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