ANALISIS INTERNACIONAL

La venta libre de armas de asalto en EEUU

El lunes 13 a medianoche expiró la norma promulgada por el presidente Clinton en 1994 que prohibía la venta de armas de asalto en el país. El presidente Bush dejó pasar el plazo sin prorrogarla. En una muestra de cinismo e hipocresía, declaró que si una ley de prórroga llegaba a su despacho, él la firmaría. Pero al mismo tiempo instruyó a la mayoría republicana del Congreso a que no moviera un dedo en esa dirección. El líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Tom Delay (tejano por más datos) dijo que «la prohibición expira el lunes, y todo está bien así». Después de 10 años, la venta de estas armas mortíferas pasa a ser totalmente libre.

El lobby de las armas

Las encuestas señalan que el 68% de los estadounidenses está en contra de la venta libre de dichas armas. Existe además un movimiento denominado «Campaña Brady para prevenir la violencia de las armas», impulsado por la esposa del ex secretario de prensa de la Casa Blanca, Jim Brady, que quedó parapléjico tras un intento de asesinato del presidente Reagan en 1981. Pero pesó más el lobby de los armamentos. Dicen los cables: «La decisión del Congreso de no renovar la ley, pese a los reclamos de los promotores del control de tales armas, llega en un período electoral extremadamente complejo para la administración Bush y el Partido Republicano, sometido a enormes presiones por sus sostenedores y contribuyentes económicos, entre ellos los fabricantes e importadores de los superletales rifles Tec-9, AK-47 y Uzis, y la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA)». Los miembros de esta última alegan ser firmes defensores de la segunda enmienda constitucional (faltaba más), referida al derecho de las personas a la portación de armas para defenderse. No se sabe quién garantiza que no las usen para otros menesteres.

En realidad, la prohibición legalmente vigente a lo largo de estos diez años era relativa. Los fabricantes y vendedores eran duchos en el arte de mantener estas armas en el mercado con el sencillo expediente de cambiar sus nombres o alterando algunos de sus detalles o accesorios. Incluso ahora los mercaderes se quejan de que al levantarse la prohibición, bajan los precios y las ganancias. Como acontecía con la venta de las bebidas alcohólicas durante la ley seca.

De todos modos, ya no existe ninguna restricción a la venta de este tipo de armas letales. Kerry dijo que ahora, cuando un asesino o un terrorista entre a un negocio a comprar un AK-47 u otra arma de asalto militar, no tendrá inconveniente alguno. Y en estos días de conmemoración del 11 de setiembre, se permitió agregar que en los manuales de Al Qaeda hallados en Afganistán se aconsejaba a sus seguidores viajar a Estados Unidos para procurarse armas semiautomáticas.

Michael Moore y Bowling for Columbine

Esto trae al recuerdo el formidable documental de Michael Moore «Bowling for Columbine», un alegato precisamente contra el uso de armas premiado con el Oscar por su excelencia de realización. El cineasta tuvo la valentía de producirlo en medio del clima de histeria patriotera que envenenaba a la sociedad norteamericana tras el derribamiento de las Torres Gemelas. (Sobre el tema puede verse mi nota del 8 de agosto del año pasado, «Bowling for Columbine y Gran Hermano superado»). En la ceremonia de entrega del Oscar, Moore condenó a viva voz al gobierno de Bush por la invasión a Irak, lo que fue visto por más de 500 millones de televidentes. La película pone al desnudo las consecuencias dramáticas del uso masivo de armas en el país. En el caso, la matanza de niños por otros niños (¿puede haber algo más terrible?) como sucedió en la high school de Columbine, en el estado de Colorado, que dejó muertos a 12 alumnos y una profesora. Son impactantes las secuencias de los chicos que sobrevivieron pero al día de hoy llevan en sus cuerpos las balas del atentado.

Es igualmente memorable la entrevista final, en Beverley Hills, al actor Charlton Heston, capo máximo de la National Rifle Association. Las incisivas preguntas de Moore lo dejan literalmente sin asunto, y no le queda otro recurso que abandonar el terreno y retirarse, sin contestar. Estos auténticos trogloditas están hoy exultantes con el levantamiento de la prohibición. No en balde los informativos sobre el tema exhibían el frente de la sede de esta organización.

Hipocresía mayúscula

Todo el episodio está envuelto en una fenomenal dosis de hipocresía. El vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, aseguró urbi et orbi que el presidente quería mantener la ley en vigencia, y responsabilizó al Congreso por no haber incluido la prórroga en su orden del día. Lo que no dijo es que la indicación en ese sentido partió del propio Bush. *

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