Los inmigrantes prefieren la pizza y la pasta

La pizza es el plato italiano preferido por los inmigrantes, seguido por las pastas, reveló un estudio presentado durante la Fiesta de la Pizza en Pontecagnano, Salerno, sur de Nápoles.

El estudio presentado por dos docentes de la Universidad de Roma fue realizado en el centro de recepción romano San Gallicano. La investigación, que duró casi dos años, tuvo como objetivo recoger informaciones sobre las costumbres alimenticias de los inmigrantes.

Los resultados son curiosos: sobre una muestra constituida fundamentalmente por mujeres (los hombres fueron más reacios a colaborar) procedentes de Perú, Ecuador, Rumania, Albania, Marruecos, Moldavia, Ucrania, Egipto, Etiopía y Filipinas, la pizza resultó la comida más amada. El informe muestra también que el 87 por ciento de las personas consultadas realiza de tres a cuatro comidas diarias, con un desayuno y una cena consumida casi siempre en su hogar.

La única de las tres comidas diarias completamente homologada a la tradición italiana es el desayuno: el clásico «cornetto» (medialuna) y «cappuccino».

Los alimentos italianos más consumidos son en cambio la pasta y la pizza, ésta última preferida por más del 80 por ciento de los 200 entrevistados, con mérito similar a las preferencias por la pasta, de 75 por ciento.

Ambos son considerados alimentos sanos, apetecibles, y económicos, descritos en las entrevistas como platos «veloces y livianos» en contraposición con los de los países de origen, con frecuencia de larga elaboración.

La pizza gusta, pero la comida de la «fiesta» sigue vinculada a las tradición de casa para más del 50 por ciento de la muestra, en cuanto es alta la incidencia de los platos originales en todos los festejos y representa el mejor modo para tener vivas y «vecinas» las tradicionales.

La alimentación italiana parece de buen agrado: el 44,5 por ciento respondió «bastante», el 50 por ciento «mucho» y el restante porcentaje está dividido entre el «no o no lo sé».

La particularidad es que casi todos las personas entrevistadas inicialmente tuvieron gran desconfianza por la cocina, con sensaciones incluso de «disgusto», vencidas luego por la necesidad y la curiosidad.

Del estudio surge que el disgusto por los alimentos italianos varía según el área geográfica de origen de los inmigrantes.

Así como a los norafricanos no les gusta el cerdo, los habitantes de Europa del Este no toleran los crustáceos, africanos y latinos de América no aman las verduras amargas y el queso gorgonzola, y orientales en general no disfrutan de los quesos. *

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