Los niños obligados a beber su orina
Según los médicos interrogados por la AFP en Beslan, lo primero que confesaron los niños liberados fue que «tuvieron que beber su orina», traumatizados por el miedo y el calor.
«Tenía sed. Los bandidos no nos daban agua. Decían que estaba envenenada. Bebíamos a escondidas cuando íbamos al baño. Nos dejaban salir rara vez. Las personas orinaban en las botellas y lo bebían después», cuenta Asamas, de 10 años.
«No sólo los niños, sino los adultos estaban desnudos. Cuando los guerrilleros nos ordenaban que nos tumbáramos boca abajo, nos tumbábamos unos encima de los otros porque no había suficiente espacio», cuenta al diario Izvestia Diana Gadjinova, de 14 años, una de las rescatadas en el asalto de las fuerzas de seguridad.
«Los bandidos exigían que dejáramos pasillos libres para que pudieran desplazarse libremente. Amenazaban con tirar sin aviso si un pie o una mano sobresalía», prosigue.
«Cuando todavía nos debajan ir al baño, algunos niños pasaban escondidos a una sala vecina donde había flores. Se las metían en la boca. Otros las escondían en su ropa interior para compartirlas con los compañeros».
Fue lo único que ingirieron durante el secuestro.
Muchos niños habían ido a la escuela con ramos de flores para ofrecérselos a sus profesoras con motivo de la vuelta al colegio el 1 de setiembre, el mismo día del secuestro.
«Hicieron salir a hombres del gimnasio y los ejecutaban en los pasillos», agrega la adolescente.
«El 1 de septiembre los guerrilleros fusilaron a 10 hombres, entre los más corpulentos, que habrían podido oponer resistencia», cuenta por su parte la cocinera Sima Albegova, que también fue rehén, al diario Kommersant.
«Después nos dijeron que harían lo mismo con aquellos que intentasen huir o resistir», agregó la cocinera.
«Eramos al menos 1.000 (personas) como sardinas en lata (…) Dormíamos por turnos», cuenta.
«Los guerrilleros dividieron a los niños en grupos y colocaron entre ellos granadas. Colgaron una bomba en el gimnasio de la que pendía una bandera oseta.
El grupo donde estaba mi hija estaba vigilado por cuatro personas, de ellas dos mujeres con cinturones de explosivos», cuenta en el diario Gazeta Indira Dzetskelova, cuya hija Dzerasa, de 12 años, logró huir por una ventana rota del gimnasio.
El primer día del secuestro, un hombre fue ejecutado delante de una niña pequeña y otros rehenes fueron obligados a sacarlo de la sala, según la misma fuente.
Dzerasa también contó a su madre que los secuestradores violaban a las jóvenes en la sala de al lado.
El artificiero Andrei Galagayev, uno de los primeros en entrar en la sala después de la operación, vio un espectáculo dantesco.
«Estoy en la guerra desde 1994 pero nunca he visto tales horrores. Mujeres y niños desnudos en el suelo. Decenas de cuerpos mutilados que ardían todavía…», cuenta en el diario Gazeta. *
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