Cheney en la Convención republicana
Las figuras de ese gran show mediático que es la Convención republicana en su penúltimo día, el miércoles, fueron el senador demócrata (sic) por Georgia, Zell Miller, un ex jefe de marines que trazó la apología de la política belicista de Bush, y el vicepresidente Dick Cheney. En las calles de Manhattan y al interior del Madison Square Garden se hicieron oír fuertes voces de protesta contra la política exterior y la orientación económica del gobierno. Cheney justificó ese curso y prometió intensificarlo si se cumple la consigna de las pancartas y los coros: «Four more years», cuatro años más para la dupla aspirante a la reeleccion.
Invasión a Panamá y guerra del Golfo
Conviene repasar algunos de sus datos biográficos. Cheney lideró la operación militar denominada «Causa Justa», otro nombre para la cruenta y traicionera invasión a Panamá el 20 de diciembre de 1989, que causó un número indeterminado de muertos sobre todo en las barriadas pobres de la capital, como Los Chorrillos. Esas zonas fueron ahora un baluarte de la victoria electoral de Martín Torrijos. La invasión se proponía revertir el contenido de los tratados Torrijos-Carter de 1977 y retrotraer a Panamá a la categoría de país ocupado por las tropas yankis, con sus bases militares y escuelas de contrainsurgencia en la zona del Canal. Con el nuevo gobierno que ascendió el día 1º se da un gran paso hacia la plena recuperación de la soberanía panameña sobre el canal interoceánico y hacia su modernización mediante la construcción del tercer juego de esclusas, lo que será decidido por el pueblo en un referendo.
Como secretario de Defensa de Bush padre, Cheney dirigió asimismo la guerra del Golfo de 1991, la que inauguró los bombardeos «científicos» al tiempo que enterraban a los soldados iraquíes en el desierto bajo las orugas de los tanques. La plana mayor de los halcones reprochó en aquella ocasión a Bush padre no haber ordenado marchar sobre Bagdad y eliminado a Saddam. Lo que anunció Cheney en su discurso en la Convención es que esa política se llevará a cabo hasta sus últimas consecuencias.
Por eso fue enfático en ensalzar la tesis de la guerra preventiva, sacándole todo el jugo a los atentados del 11 de setiembre. Por algo, contra todos los antecedentes, los republicanos realizaron su Convención en Nueva York, a proximidad de las Torres Gemelas. Cheney declaró que ellos no tenían que pedir permiso a nadie para atacar, dejando de lado la voluntad claramente expresada por la ONU y por la inmensa mayoría de la comunidad mundial. De ese modo reclamó para el gobierno de EEUU un estatus al margen de la ley internacional y de la Carta de la ONU, justificó todas sus violaciones flagrantes y prometió intensificar ese curso, como lo están haciendo sus tropas en Afganistán y en Irak.
Los negociados de Halliburton
«No podemos esperar que nos vuelvan a atacar, y eso incluye el uso de la fuerza militar», afirmó Cheney. «Nuestro objetivo no puede ser complacer a algunos pocos críticos exigentes, someternos a las objeciones de unos pocos», agregó. A eso queda reducida la opinión pública internacional, contraria a la guerra. Terminó diciendo en tono desafiante que «Bush no va a pedir permiso a nadie para defender al pueblo estadounidense». Ovación en las tribunas. Tras lo cual posó en la tribuna con su mujer, su hija y sus nietos, hasta la tercera generación.
Pero he aquí que en la guerra de Irak se han puesto de manifiesto los indecorosos negociados de la empresa petrolera Halliburton, que se ocupa además del aprovisionamiento de las tropas dislocadas en Irak en una serie de rubros. Dick Cheney fue presidente de dicha compañía, cargo que abandonó (para la fachada) al ocupar el ministerio, tras una suculenta indemnización. Las malas lenguas dicen que allí conserva toda su influencia y sus contactos con las esfera del poder. Tan es así que consiguió jugosísimos contratos para Halliburton y sus filiales. Cuando estalló el escándalo de los sobreprecios en las facturaciones, Halliburton fue condenada en primera instancia a devolver lo que había cobrado de más. Bush intervino a favor de su repetitivo compañero de fórmula. Luego el Pentágono decretó una nueva investigación. Cheney, que algunos sindican como la eminencia gris del gobierno, aparece así como el hombre de la política de guerra a ultranza y de los negociados suculentos que suelen acompañarla, como la sombra al cuerpo.
Manifestaciones anti-Bush
No se equivocaban los manifestantes en Manhattan, ni los que fueron sacados a golpes de la propia Convención, cuando reclamaban más recursos para la educación y no para la guerra y denunciaban a Bush como el real terrorista, cuya política «está creando las condiciones para el desarrollo del terrorismo en el mundo». *
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