El espíritu evangélico invade la Convención Republicana en NY
El alcalde de Nueva York en el momento de los atentados del 11 de setiembre de 2001, Rudolph Giuliani, recordó un par de veces durante el discurso que pronunció el lunes que aquel día dio «gracias a Dios porque Bush es nuestro presidente».
«George W. Bush es un hombre enviado por Dios para liderar la nación en estos tiempos de desafío», dijo horas antes la presidenta del Partido Republicano de Florida, Carole Jean Jordan, en un encuentro de los delegados estatales.
Tras ello, la audiencia recitó con fervor el juramento de fidelidad a Estados Unidos después de que se les recordase que este año fracasó el intento de un ateo que pidió a la justicia que retirase una parte del mismo, la que hace referencia a «una nación bajo Dios».
El juramento fue recitado de nuevo en el escenario del Madison Square Garden antes de un sermón de Sheri Dew, un líder mormón que defiende encarnizadamente los valores familiares a los que el ala más a la derecha del partido tiene tanto apego.
En un artículo aparecido a principios de año, Dew comparó la lucha por los valores tradicionales de la familia, incluyendo la oposición al aborto y al matrimonio homosexual, con la lucha contra Hitler en los años 30.
Si bien los oradores más liberales serán los que dominen el estrado del Madison en las horas de máxima audiencia, la Convención intercala concesiones a la derecha cristiana a la que Bush es tan afín.
«No creo que el tema religioso vaya a ser muy visible durante la semana, pero es un tema que vigoriza a las bases», dijo la politóloga Sherry Bebitch-Jeffe, observadora en la convención.
«Creo que Bush tiene la calma sensación de haber sido elegido por Dios tras los atentados del 11 de septiembre», asintió.
Aún en los discursos más insignificantes, parte de la rutina de la convención que obliga a las delegaciones de los diferentes estados a intervenir para aprobar el orden del día y otros mecanismos, casi todos los portavoces acababan su intervención con un «Dios bendiga a América».
Se trata de un mensaje martilleado que podría ayudar a la Casa Blanca a llevar a las urnas los cuatro millones de conservadores religiosos que no votaron en 2000.
Al mismo tiempo, está la aspiración de llegar a los indecisos y a los votantes independientes de cara a los comicios del 2 de noviembre y, a juzgar por los oradores principales, esa prioridad es mayor. *
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