El oficialista Labastida del PRI y el opositor Fox del PAN

Disputado sillón presidencial

México, Reuters.

El camino de Francisco Labastida, candidato presidencial del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) a las elecciones del domingo en México, no estuvo libre de obstáculos.

Hasta hace poco, un postulante del PRI era virtualmente inmune a los ataques de la prensa y de otros políticos, al usar la bien aceitada maquinaria partidaria para llegar a la silla presidencial, ocupada por el partido desde 1929.

Sin embargo, la creciente expansión de la democracia al interior del PRI y en la sociedad mexicana significó que Labastida enfrentara en la campaña electoral ataques políticos y personales, tanto desde su propio partido como de sus rivales.

De apariencia pulcra, delgado y de cabello cano, el político de 57 años y ex ministro del Gobernación (Interior) ha mantenido, en general, la actitud de un candidato más interesado en concentrarse en temas de interés para los electores, tales como educación, salud y delincuencia, dejando a otros miembros del PRI hacerse cargo de salvar los obstáculos puestos en su camino.

«Creo que Franciso ha aprendido a ser tolerante», dijo uno de sus amigos de infancia y compañero en la práctica de buceo, Jorge Covarrubias.

El año pasado el presidente Ernesto Zedillo renunció a la histórica prerrogativa de sus antecesores de escoger al candidato del partido a sucederlo y, en lugar de ello, convocó a una inédita elección primaria en el PRI, en nombre de una mayor democracia.

Labastida, considerado ampliamente como el favorito de Zedillo, se encontró así en medio de una agresiva pelea por su futuro político, luego de una carrera pública de 37 años.

En el camino a las elecciones primarias del 7 de noviembre de 1999, Labastida sufrió los mayores ataques de parte del gobernador del sureño estado de Tabasco, Roberto Madrazo, quien también compitió por la candidatura presidencial del PRI.

En mordaces anuncios publicitarios, Madrazo señaló como «un fracaso» los esfuerzos de Labastida para luchar contra la delincuencia cuando fue ministro del Interior de Zedillo.

Las encuestas sobre intención de voto para las elecciones del domingo muestran a Labastida en una pugna palmo a palmo con el principal candidato opositor, Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN) y un ex directivo de Coca-Cola y ex gobernador del central estado de Guanajuato.

Al frente de encuestas

Fumador de puros y afecto a vestirse y hablar como ranchero, Vicente Fox podría convertirse el domingo en el hombre que ponga fin a 71 años de gobierno de un solo partido en México.

Hace cuatro años, Fox se encargaba simultáneamente de gobernar su estado natal, el central Guanajuato, y, como empresario, llevar las riendas de su rancho, en el que cría ganado vacuno, avestruces, pollos y toros.

Pero tres años después y luego de miles de kilómetros recorridos en un lujoso autobús de campaña, el fornido político ha llegado a la prueba final como candidato presidencial de una alianza de su conservador Partido Acción Nacional (PAN) y el Verde Ecologista.

El domingo se enfrentará en las urnas a Francisco Labastida, candidato del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), en una carrera que está técnicamente empatada según las encuestas de intención del voto.

Fox ha atrapado la atención de los votantes mexicanos con sus promesas de poner coto a la corrupción entretejida con el PRI y de distribuir más igualitariamente las riquezas de la nación entre sus casi 98 millones de habitantes.

Analistas afirman que al menos parte del atractivo del candidato opositor se deriva no de lo que dice, sino de las marcadas diferencias en experiencia y estilo con el contendiente del tradicional PRI.

De casi dos metros de altura, Fox, por ejemplo, ha pasado la mayor parte de su vida adulta como empresario, una ruta desconocida entre los militares y burócratas que mayoritariamente han ocupado la silla presidencial durante la larga historia de México.

Tras concluir su carrera en la Universidad Iberoamericana, dirigida por jesuitas en la Ciudad de México, Fox emprendió su carrera empresarial desde el modesto cargo de vendedor en Coca-Cola.

La empresa le enseñó la importancia del vigor y la disciplina, «a no estar sentado en la oficina. A salir a la calle. El negocio de Coca-Cola se hace en las tiendas… el servicio político se hace en las cárceles, ejidos, escuelas, rancherías (poblados), en las fábricas», dijo Fox en una entrevista con Reuters a principios de junio.

Después de ascender hasta ocupar el cargo de director ejecutivo de Coca-Cola en México, dejó la empresa para seguir la carrera política.

Fue electo diputado por Guanajuato, en un movimiento que Fox dice estuvo inspirado por el político de oposición Manuel Clouthier, nominado por el PAN en las elecciones presidenciales de 1988.

Posteriormente, ganó las elecciones para gobernador de Guanajuato en 1995, cargo que ocupó hasta fines del año pasado, cuando lo dejó para iniciar su campaña de tiempo completo por la presidencia del país.

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