Papa pide gesto de gobernantes
Javier Fernández – Ciudad del Vaticano, ANSA
En el documento, presentado ayer en la sala de prensa de la Santa Sede, el pontífice afirma que «una reducción aun modesta de la pena constituiría para los detenidos un claro signo de sensibilidad hacia su condición» de parte de las autoridades.
Juan Pablo II –que el 9 de julio visitará a los detenidos en la cárcel romana de Regina Coeli– dijo que el Jubileo de los encarcelados debe servir asimismo para lanzar una reflexión sobre «iniciativas que puedan volverse el prólogo de una auténtica renovación de las mentalidades como de las instituciones».
El Papa dijo querer ser el intérprete del «vibrante llamado» que llega «de las innumerables cárceles diseminadas por el mundo, en las que están segregados millones de nuestros hermanos y hermanas».
«Se deberían borrar de las legislaciones de los Estados las normas contrarias a la dignidad y a los derechos fundamentales de la persona humana, así como las leyes que obstaculizan el ejercicio de la libertad religiosa de los detenidos», afirmó el pontífice en el documento.
Juan Pablo II subrayó asimismo que «en muchos países las prisiones están superpobladas» y que «aunque en algunos países poseen algunas comodidades, en otras las condiciones de vida son muy precarias, por no decir indignas del ser humano».
«Abstenerse de acciones de promoción hacia el detenido, corresponde a reducir su detención a un mero acto de represalia social, lo que la vuelve aun más odiosa», sostuvo el Papa.
Entre los muchos problemas que mencionó el pontífice al describir el universo carcelario se encuentran «los detenidos que sufren de enfermedades graves o en fase terminal», pidiendo asimismo que se «refuercen las instituciones que se ocupan de la protección legal de los más pobres».
Juan Pablo II subrayó también que los encarcelados muchas veces sufren de «vejaciones infligidas muchas veces a causa de discriminaciones de orden étnico, social, económico, sexual, político y religioso».
«Sucede que la cárcel se vuelve un lugar de violencia, comparable a los ambientes de donde muchas veces provienen los detenidos, y es evidente que esto vuelve vano todo esfuerzo educativo», agregó el Papa.
A estas dificultades, agregó Juan Pablo II, hay que sumar «los obstáculos que impiden que los prisioneros puedan mantener contactos regulares con sus familias y sus amigos», así como las «graves carencias» de «las estructuras que deberían ayudar a quien sale de la cárcel y acompañarle en su reinserción social».
En conclusión, el Papa le recordó a quienes están encerrados en las cárceles que el tiempo pasado detrás de las rejas «es un tiempo de Dios, que debe ser vivido como tal, ofreciéndolo al Señor como una ocasión de humildad, de expiación y de fe».
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