Las elecciones de Zimbabwe
El Frente Patriótico de la Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU-PF), partido de gobierno surgido de la fusión del ZANU de Robert Mugabe y el ZAPU de Joshua Nkomo, logró 62 de las 120 bancas en disputa, agregadas a otras 30 que no se renovaban en esta instancia. La principal fuerza de oposición, el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC), dirigido por Morgan Tsvangirai, obtuvo 57 escaños. La banca restante, para un total de 150, fue para el partido regional Zanu-Ndinga. El líder opositor se opone a las expropiaciones de tierras y fue apoyado por los colonos blancos; es partidario de la economía de mercado bajo control, y organizó acciones contra la política de Mugabe. Este lo acusa de estar supeditado a Gran Bretaña y EEUU y de propiciar «un inaceptable retorno al colonialismo».
Terrorismo desinformativo
En una campaña previa de desinformación y terrorismo en vasta escala, las cadenas internacionales agitaron el fantasma de la guerra civil y se jugaron todos los boletos al MDC, augurando la derrota de Mugabe. Enviados de la Unión Europea, de dudosas credenciales, vaticinaron fraudes electorales colosales y demonizaron las expropiaciones de tierras detentadas por herederos de los colonizadores por parte de luchadores por la independencia de la ex colonia británica. Añoraban por lo visto los viejos tiempos en que el millonario aventurero Cecil Rhodes no se limitaba a colonizar esas tierras a partir de 1889, sino que las bautizó con su nombre (ex Rhodesia del Sur).
Esta campaña se desfondó. La participación electoral, de más del 60% de los 5,1 millones de electores, superó todos los índices anteriores, y por cierto los que se registran en el mundo blanco y occidental, como en Estados Unidos o Colombia. No hubo ningún incidente, ningún acto de intimidación, de violencia o de violación de derechos. Los delegados europeos, que habían vaticinado fraudes y catástrofes, debieron reconocer a regañadientes que no habían comprobado ningún episodio anormal. Se tildó de «innatural» la calma que presidió los dos días de elecciones. Vimos fotos de delegados del ZANU y del MDC distribuyendo, uno al lado del otro, sus contrapuestas propagandas electorales. Los titulares del tipo «Violenta elección» quedaron en agua de borrajas. Los augures del «fin de los 20 años del gobierno del ZANU-PF» (¿qué son al lado de los 71 del PRI mexicano?) se chasquearon. El canciller británico Robin Cook volvió a sacar la cara por el MDC y formuló un insólito llamado al gobierno a «colaborar con la oposición». A la «tercera vía» blairista le resulta difícil acomodarse a los nuevos tiempos.
La expropiación de tierras
Ahora que una misión de alto nivel de la OEA se reúne en Lima con Fujimori para lavar de culpas al organismo interamericano, que dejó el campo libre a los fraudes gigantescos de las elecciones del 28 de mayo, puede ser útil comparar los niveles de pureza electoral en Perú y en Zimbabwe.
Pero veamos el fondo del asunto, en el caso africano. Grupos de veteranos de guerra, considerados revolucionarios de viejo cuño por su participación decidida en la lucha armada de independencia, condujeron un movimiento por la expropiación de fincas en manos de los herederos de los colonialistas. Se registraron contados episodios de violencia, en casos de resistencia, aunque otros colonos blancos optaron por abandonar el país rumbo a la metrópolis. Desde el siglo pasado los ingleses acapararon las mejores tierras, al punto de que en 1965, al alzarse el movimiento anticolonialista, poseían más del 70% de las tierras cultivables, siendo apenas el 5% de la población. Las elecciones de febrero de 1980 dieron un triunfo arrollador al líder independentista R. Mugabe, y el 18 de abril de ese año se firmaron los acuerdos de Lancaster House con Gran Bretaña, por los cuales ésta se comprometía a contribuir a la indemnización de los colonos blancos cuyas tierras fueran expropiadas.
Inglaterra no cumplió y ya entonces comenzó la presión de los campesinos negros por una profunda reforma agraria, entendida como una «segunda guerra de independencia». Las ocupaciones de tierras actuales prolongan las luchas de 20 años atrás.
La nacionalización de las minas
Estas repercuten en Africa, ya que también en Kenia tribus de campesinos negros pasaron a ocupar tierras de los blancos.
Mugabe ha lanzado asimismo la consigna de nacionalizar las minas. El país posee riquísimos yacimientos de oro, cobre y estaño, extraídos y trabajados por los bantúes con una refinada técnica desde el siglo V, y que luego fueron depredados por ocupantes extranjeros. Rhodes logró el monopolio de la explotación de los recursos minerales. Las fuerzas nacionalistas entienden que ha llegado el momento de colocar esas riquezas en manos del país. En la Cumbre de los No Alineados efectuada en Harare (capital de Zimbabwe, ex Salisbury) en setiembre de 1987, el país propició sanciones enérgicas a Sudáfrica para poner fin al régimen del apartheid, y más tarde apoyó al gobierno independentista de Mozambique frente a los contrarrevolucionarios. Recientemente actuó en el conflicto de La República Democrática del Congo junto al presidente Laurent-Désiré Kabila.
Colonialistas y FMI
Expresando su desazón por el resultado electoral, un tecnócrata que nunca falta mostró su rostro pétreo en las pantallas de la CNN pontificando de que al régimen de Mugabe ni el FMI ni el Banco Mundial le iban a dar un dólar, por lo que no podía seguir adelante en sus propósitos.
Era como si estuviéramos oyendo la voz de los colonialistas redivivos. Esto termina de delimitar los campos.
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