Elián, ícono para gobierno y exilio
Los cuentos más irracionales contribuyeron a forjar una imagen mística del pequeño: Elián fue salvado por los delfines del naufragio en que falleció su madre en noviembre pasado, y su presencia en Miami provocó una aparición de la Virgen.
En Cuba, el presidente Fidel Castro hizo de él un símbolo del regimen comunista, obligado contra su voluntad a vivir en el antro hostil del capitalismo.
Este escolar de seis años habría llevado una vida anónima y apacible en su pueblo de Cárdenas (a 150 km de La Habana) si su madre, Elisabeth, no hubiera resuelto irse a Estados Unidos.
Sin embargo, el destino decidió otra cosa. La frágil embarcación de menos de seis metros de eslora con la que 13 cubanos trataron de llegar ilegalmente a Estados Unidos naufraga en el océano Atlántico, entre Cuba y Miami, en algún punto del estrecho de Florida.
Dos pescadores rescatan al superviviente Elián el pasado 25 de noviembre a 5 km de las costas norteamericanas, tras permanecer dos días flotando a la deriva, aferrado a un neumático.
Su madre y su padrastro mueren en el naufragio. Su tío abuelo Lázaro González y su prima Marisleysis lo tomaron a su cargo en Miami. Y la tragedia que poco a poco se transformó en un capítulo clave de la historia del exilio cubano en Estados Unidos, transforma la personalidad de Elián.
Un pediatra designado por las autoridades juzgó que el niño está «en peligro inminente en el plano físico y emocional». Pero el ‘balserito’ cubano se convierte en el juguete de un Estados Unidos ‘pos-Mónica Lewinsky’, con resaca de escándalos mediáticos como el de la ex becaria de la Casa Blanca y el presidente Bill Clinton.
Las televisiones nacionales lo mostraban a diario jugando en el jardín de la casa de su tío abuelo o en brazos de Marisleysis, mientras se imprimían camisetas con su efigie.
En un video difundido por Lázaro González, Elián –sentado en una cama– trataba de convencer a su padre (Juan Miguel, residente en Cuba) de que no lo forzara a volver a La Habana. Un pequeño libro que se vendía a 10 dólares, «Canción por Elián», cuenta la odisea del menor.
A finales de abril, dos fotografías publicadas con sólo horas de diferencia lo muestran, una, llorando aterrado ante un agente federal que fusil en mano irrumpe en la casa de Miami para llevárselo por la fuerza a Washington (donde le esperaba su progenitor); otra, sonriente en los brazos de su padre, ya en la capital estadounidense.
Elián es también un tema inagotable de conversación. Provoca una polémica entre Clinton –favorable a su regreso a Cuba– y su vicepresidente y candidato a sucederle en la Casa Blanca en las elecciones de noviembre, Al Gore, que se opone a ello. Suscita debates en el Congreso y comentarios continuos en la prensa.
La vida del pequeño de grandes ojos negros, tocado con gorra de béisbol, es una de las más conocidas en Cuba, donde Elián dividía su tiempo entre sus padres divorciados, empleados en la hotelería, y sus respectivas abuelas.
En Miami, su aislamiento fue notable. Lázaro González lo sacó de la escuela, por temor a que el gobierno federal se lo llevara, lo que finalmente ocurrió el 22 de abril.
Desde entonces, Elián permaneció bajo la protección de las autoridades, que primero lo instalaron en una residencia de campo junto a su padre, la esposa de éste y el hijo de ambos.
El pasado 25 de mayo los mudaron a una casa cerca del centro de Washington.
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