Un iraquí tomó sede de la FAO
La ocupación y el secuestro de los empleados de la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Bagdad, por parte de un ciudadano irakí contrario al embargo impuesto a su país, terminó en un tiroteo que causó la muerte de dos personas.
Todo comenzó alrededor de las 8.30 de la mañana (hora local) cuando Fuad Hussein, de 38 años, entró en la sede de la FAO, en el barrio residencial de al-Jadiriya y secuestró a los empleados de la agencia internacional, amenazando hacer estallar el edificio de tres pisos y exhibiendo una granada en sus manos.
Las fuerzas de seguridad iraquíes rodearon el edificio mientras el secuestrador comenzó la negociación por teléfono y, según fuentes en el cuartel general de la FAO en Roma, pidió el levantamiento del embargo, la construcción de un monumento en honor de las víctimas que provocó en Irak, el aumento de las raciones alimentarias y un avión para huir hacia Jordania.
Los agentes iraquíes intentaron ingresar por la fuerza, al cabo de dos horas, en la sede de la FAO y Hussein abrió el fuego con un fusil ametralladora Kalashnikov, matando al funcionario administrativo somalí Yusuf Abdilleh, y al técnico informático iraquí Marwan Mohammed Hassan.
Otras siete personas resultaron heridas en el tiroteo, tres de ellos empleados de la agencia ONU y cuatro agentes iraquíes.
Hussein, detenido ileso por la policía, fue posteriormente llevado a la comisaría local, donde se le permitió hablar con la prensa.
Declaró que no quería matar a nadie pero se vio obligado a una «legítima defensa» cuando los agentes intentaron irrumpir en el edificio, precisando que no tenía ninguna militancia política y era sólo un mecánico que durante unos diez años formó parte del ejército israelí.
Los pocos dinares que ganaba «no alcanzan ni siquiera para comprar el pan», sostuvo Hussein, y agregó que su madre está muy enferma pero no es posible encontrar los remedios que necesita a causa del «maldito embargo» impuesto por la ONU a Irak en 1990, durante la Guerra del Golfo.
Precisó que, cuando comenzó el tiroteo, ya había acordado con las autoridades una rendición «sin condiciones».
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