Por ahora no habrá cumbre tripartita

Fracasó mediación de Albright para la paz

Albright regresará hoy a Washington después de una etapa en Berlín y sólo podrá mostrar un resultado concreto: Arafat está dispuesto a celebrar un nuevo ciclo de negociaciones de un par de semanas a principios de julio en Estados Unidos.

De parte israelí, en cambio, Albright lleva de vuelta consigo la esperanza de que el presidente estadounidense logre convocar una reunión cumbre tripartita que impulse a Arafat a aceptar la conclusión del proceso de paz iniciado con los acuerdos de Oslo de 1993.

Albright hizo de mensajero durante las últimas 24 horas entre el presidente israelí y el presidente palestino, una misión en la que tuvo que hacer frente a la recíproca desconfianza entre Barak y Arafat y a las presiones a las que están sometidos ambos líderes, acusados por sus respectivas oposiciones de hacer demasiadas concesiones a la contraparte.

Al cabo de tres horas de conversaciones con Madeleine Albright en Ramallah, Arafat declaró que no estaba dispuesto a participar en una reunión cumbre a mediados de julio, como le fue propuesto por la secretaria de Estado estadunidense.

En una rueda de prensa sucesiva, Arafat declaró sin embargo que aceptará cualquier iniciativa del presidente Clinton y añadió que esperaba que el mandatario estadounidense «impulse y salve el proceso del paz».

El ministro palestino para la Cooperación internacional, Nabil Shaat, explicó que la cumbre será útil sólo una vez que las negociaciones lleven a progresos concretos» y mencionó fines de julio como la mejor de las hipótesis.

Tampoco sirvieron para aclarar la situación las declaraciones de Albright en rueda de prensa, puesto que se limitó a decir que ahora «es necesario reanudar las reuniones entre los negociadores» y que después se deberán reunir los líderes.

La secretaria de Estado añadió que era «de fundamental «importancia» que ambas partes mantengan el compromiso asumido de proseguir las negociaciones, una declaración que corrobora los pasos hacia atrás cumplidos por Barak y Arafat a favor de la paz, en las últimas semanas.

Presionados por sus respectivas oposiciones internas, ambos líderes dieron la impresión de no estar en condiciones de demostrar la flexibilidad necesaria para un acuerdo permanente sobre el estatuto definitivo de los territorios ocupados.

Arafat declaró que tiene intenciones de proclamar a mediados de setiembre, aún sin un acuerdo con Israel, un Estado palestino independiente y volvió a reivindicar formalmente el pase bajo la autoridad palestina de toda la franja de Gaza y de Cisjordania, incluida la parte oriental de Jerusalén.

Por su parte, Barak tuvo que dar marcha atrás sobre algunos puntos destinados a facilitar el acuerdo, como la entrega a los palestinos de algunas aldeas adyacentes a la municipalidad de Jerusalén. El premier israelí esta vez tuvo que hacer frente no sólo a la oposición de los nacionalistas del Likud sino también a la de algunos de sus ministros y sus respectivos partidos.

A nivel de política interna, Israel está al borde de la crisis, una situación que no favorece el diálogo con los palestinos.

El canciller israelí David Levy recomienda abiertamente una nueva mayoría de «gran coalición» con el Likud, mientras que el ministro del Interior Natan Sharanski opina que el gobierno Barak está llegando a su fin.

Por otra parte, el ministro para la Construcción Yitzhak Levy, cuyo «Partido nacional religioso» es vocero del movimiento de colonización de los Territorios ocupados, se sumó a la oposición parlamentaria que pide elecciones anticipadas.

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