Clinton quiere el paraguas misilístico
El presidente norteamericano, Bill Clinton, está dispuesto a aprobar la construcción de un paraguas misilístico para Estados Unidos a un costo de 60.000 millones de dólares, un proyecto mal visto por Moscú y Pekín pero también por los aliados europeos.
Si el test de la próxima semana marcha bien, escribe el Washington Post citando fuentes oficiales, Clinton está listo para dar el sí preliminar que permitirá lanzar el proyecto.
Sin embargo, tarde o temprano el escudo violará el Tratado sobre los misiles antibalísticos y, según sus detractores, puede desencadenar una carrera armamentista sobre todo en Asia.
De todos modos, el proyecto entrará en la agenda presidencial y será tratado en el otoño boreal.
Por «escudo misilístico» se entiende una red de baterías capaz de identificar los misiles que llegan al territorio de los 50 estados de la Unión y abatirlos con otro misil.
La primera estructura del sistema debería estar lista para 2005, pero los tiempos urgen y hay que comenzar a moverse de inmediato, aunque «sin comprometerse irrevocablemente» a completarlo.
Esa primera estructura debería levantarse en el extremo norte, con cien misiles interceptores en Alaska y una base de radar a rayos X sobre la isla de Shemya, en el archipiélago de las Aleutianas, donde la temporada en que se puede construir dura pocos meses.
Es decir que, suponiendo que se quiera terminar para el 2005, hay que comenzar los trabajos el verano boreal del año próximo.
Pero para hacer esto habrá que empezar a llevar los materiales de construcción en primavera, y por ello el aval del presidente debería llegar en el otoño boreal anterior.
Si la aprobación preliminar depende de las consultas con Rusia, China y los aliados, el sí final depende del resultado de éstas, y del efecto que tendrán en los interlocutores la aprobación preliminar y el comienzo de los trabajos.
Según los expertos, Moscú ladra pero no muerde, y apuntará a negociar con la esperanza de evitar una confrontación directa.
Pero Pekín «es otro asunto», y hay que esperar que haga sentir toda su intransigencia.
Desde el punto de vista técnico, no está claro si la violación del Tratado sobre misiles antibalísticos comenzará con el lanzamiento formal del proyecto o con el inicio de los trabajos de construcción.
En todo caso el problema se presentará, y para sustraerse a las obligaciones del Tratado hace falta un preaviso de al menos seis meses.
Aun admitiendo que la violación comience con el inicio de los trabajos, y por lo tanto en el verano boreal del año próximo, habrá que discutir el tratado nuevamente a principios de año.
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